EN NUESTRA OPINIÓN: Enaltecer el pasado de esta pródiga y generosa tierra
Una cruzada contra la tiranía de la Corona Británica comenzaba a fraguarse. Se negaban a continuar tolerando el despotismo, los abusivos gravámenes a las colonias y las prohibiciones impuestas al comercio. Ya habían sufrido suficientes vejámenes, actos represivos y traiciones. Y anhelaban asegurar los derechos y prerrogativas de la libertad para todo el pueblo.
De genio emprendedor, exaltados por ideales místicos, los patriotas americanos lograron quebrar los adversos nudos con la potencia extranjera y conquistar el don de la emancipación. Entonces refrescó el viento con aires de triunfo y se avistó la soberanía definitiva el 4 de julio de 1776 con la Declaración de Independencia, proclamándose la dignidad inherente de los seres humanos que, ante la benevolente mirada de Dios, son todos iguales. Nadie es superior a los demás.
Los Fundadores sentaron los cimientos de lo que sería la gesta heroica de Estados Unidos por avanzar, cada día, los derechos inalienables a la vida, la libertad y la consecución de la felicidad. E incluso alcanzar y proteger la libertad allende las fronteras nacionales, cuando la doctrina del odio pretende avasallar a la humanidad.
Ser libres y vivir las cualidades señeras de los invictos héroes, empero, atañe compromisos ciudadanos y responsabilidades individuales, como aprender a anteponer el bienestar colectivo a las veleidades e intereses personales. Orientados hacia el progreso, debemos respetar al prójimo no obstante sus diferencias; velar por el cuidado de las poblaciones más vulnerables; edificar las obras de justicia sobre convicciones firmes; transmitir una profunda vocación de servicio a las nuevas generaciones en aras de incentivarlas a entregarse a tareas virtuosas.
La mayor belleza de Estados Unidos es su aspecto humano, que se hace eco del elocuente pensamiento racionalista de los documentos constitutivos de esta nación, colmados de esperanza en un vibrante porvenir. Sus trascendentes páginas nos recuerdan la perseverancia, sacrificios y sangre derramada para crear sociedades afincadas en la hermandad, sin castas ni privilegios, sino exclusivamente para la gente –for the people.
Cada 4 de julio, el inextinguible sentimiento de amor patrio despunta la nostálgica remembranza de aquellos portadores de las aspiraciones independentistas. El asueto no se circunscribe solamente a tradiciones como desfiles con conjuntos musicales y despliegue de ondeantes banderas, amistosas comidas campestres bajo el radiante sol veraniego y el colorido bombardeo de fuegos artificiales, un espectáculo sin duda maravilloso.
Es, asimismo, buen día para poner un paréntesis a nuestra actividad cotidiana y reconocer los nobles alientos de quienes “con absoluta confianza en la protección de la Divina Providencia” nos dejaron como legado esta tierra de oportunidades y prosperidad que con brazos extendidos a los inmigrantes ha acogido –y generosamente también incorporado.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de julio de 2015, 2:00 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Enaltecer el pasado de esta pródiga y generosa tierra."