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Se acabaron las excusas: hay que frenar las matanzas de niños | Editorial

Elena Mendoza, de 18 años, llora frente a una cruz en honor a su prima, Amerie Jo Garza, una de las víctimas del tiroteo en la escuela primaria del martes 24 de mayo en Uvalde, Texas, el jueves 26 de mayo de 2022. (Foto AP/Jae C. Hong )
Elena Mendoza, de 18 años, llora frente a una cruz en honor a su prima, Amerie Jo Garza, una de las víctimas del tiroteo en la escuela primaria del martes 24 de mayo en Uvalde, Texas, el jueves 26 de mayo de 2022. (Foto AP/Jae C. Hong ) AP

Aquí estamos de nuevo, contando los cuerpos de los niños muertos. De las 21 personas asesinadas en el tiroteo de la escuela de Uvalde, Texas, dos son maestras, 19 son niños.

Esas son palabras que nadie debería tener que escribir, o leer. Palabras horribles y desgarradoras que hacen que se nos encoja el estómago y cerremos los puños de rabia al sentirnos impotentes. Palabras que nos hacen quererle gritar a nuestros amigos o a los miembros de nuestra familia o al cielo, ¿por qué no podemos detener esta forma tan estadounidense de matanza?

Pero aquí estamos. Más que eso, aquí estamos de nuevo. Un poco más de cuatro años después del tiroteo en la escuela de Parkland. Seis años desde Pulse. Una década después de Sandy Hook. Diez días después de Buffalo. Y así sucesivamente.

Desesperación y dolor

¿Cambiarán las cosas? ¿Tenemos que vivir con esta obscenidad entre nosotros? ¿Podemos?

Es tentador dejar que la desesperación se apodere de nosotros, escondernos del dolor que convulsiona a nuestro país, a nuestro estado y a nuestra comunidad del sur de la Florida mientras tratamos de aceptar que otro hombre armado, un atacante con armas de guerra, compre demasiadas municiones y asesine a personas inocentes.

Podemos intentar cambiar el tema, algo en lo que el Partido Republicano se ha vuelto muy bueno. Desviar la legítima rabia de la nación por este hecho una y otra vez con una defensa a golpe de pecho de la Segunda Enmienda, aunque el atacante de 18 años de Texas no se parezca en absoluto a la “milicia bien regulada” prevista por los fundadores. Incluso podemos tomar la acción más profana estoy hablando con usted, expresidente Donald Trump y reafirmar los planes de pronunciar un discurso en la conferencia de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) que se celebra la próxima semana en el estado de la masacre, Texas.

¿Qué tan rápido puede este país lavar de sus manos la sangre de los niños de cuarto grado que murieron en la Escuela Primaria Robb? ¿Realmente en solo siete días?

Lo que podemos hacer

Actuamos como si no pudiéramos hacer nada. Pero hay cosas que podemos hacer. Podemos prohibir las armas de asalto, esas armas de guerra que ningún individuo debería poseer, y que ya fueron prohibidas una vez, hasta que la ley expiró en 2004. En Florida, podemos rechazar, en términos inequívocos, el objetivo declarado del gobernador Ron DeSantis de aprobar una ley de “portación constitucional” para la Florida que eliminaría todos los requisitos de entrenamiento o concesión de licencia para los propietarios de armas.

O y esto es aún más fácil— podemos comenzar con la aprobación de un proyecto de ley (H.R.8) que reforzaría la verificación de antecedentes de los compradores de armas. Este proyecto de ley lleva estancado en el Congreso —por los republicanos del Senado, para ser exactos— desde 2019, aunque la Cámara de Representantes ya lo aprobó. Ampliaría las verificaciones de antecedentes penales a los compradores de armas por internet y a los compradores en ferias de armas, cerrando esos tecnicismos legales.

Es un proyecto de ley moderado. No hay nada en él que pudiera ser interpretado como quitarle las armas a la gente. Una encuesta tras otra ha indicado que los estadounidenses apoyan firmemente esta idea. Los senadores republicanos no dejan votar por esta propuesta de ley. Florida, por supuesto, tiene dos senadores republicanos, Marco Rubio y Rick Scott. Rubio se postula a la reelección en noviembre.

Como dijo el entrenador de los Golden State Warriors, Steve Kerr, en su candente discurso previo al partido del martes, que dedicó exclusivamente a este tema: “Somos rehenes de 50 senadores en Washington que se niegan incluso a someterlo a votación, a pesar de lo que queremos nosotros, el pueblo estadounidense. No votarán al respecto porque quieren aferrarse a su propio poder”.

Estamos hartos de “pensamientos y oraciones”. No tenemos más paciencia para los minutos de silencio que no hacen nada para cambiar las cosas. Necesitamos que nuestros legisladores actúen. Necesitamos que lo hagan en el Senado, y lo necesitamos de inmediato.

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