Se acabaron las payasadas: las investigaciones que le hacen a Trump son asuntos muy graves | Editorial
Esta vez es diferente.
Nos hemos vuelto tan insensibles, nos hemos acostumbrado tanto a los estándares manipulados de lo correcto y lo incorrecto que practica Donald Trump, que ya es difícil ver cuál es la diferencia.
Pero las noticias que salen de Mar-a-Lago tras el registro del FBI son espantosas. Nuestro ex presidente, según los documentos publicados el pasado viernes 12 de agosto, está siendo investigado por posible violación a la Ley de Espionaje. Y por obstrucción de la justicia. Y por eliminación de registros del gobierno. Hay informes de que estos pueden ser documentos relacionados con armas nucleares.
Estas investigaciones son algo de otro nivel, incluso para Trump.
No sabemos si hizo esas cosas. No sabemos si, de hecho, un ex presidente descontento se llevó a su hogar en el palacio dorado de Palm Beach cajas y cajas de documentos que pudieran ponernos a todos en peligro como país; documentos que pertenecían al pueblo y que él no tenía derecho a tomar. Todavía no lo sabemos. Nuestro sistema, ese que él ha hecho todo lo posible por anular, dice que es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad. Es el estado de derecho y es la razón por la que tenemos presidentes en lugar de reyes.
Pero este momento es una prueba. Nuestras instituciones resistieron durante Watergate. Aguantaron durante el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021. ¿Resistirán de nuevo? ¿Qué tanto se hundió nuestro gobierno en cuatro años de Trump que el ex presidente pudiera enfrentar una acusación de espionaje real?
Lo que sabemos hasta ahora tiene mala pinta. El FBI retiró 11 conjuntos de documentos que estaban marcados como “clasificados”. Una caja estaba etiquetada como “varios documentos clasificados/TS/SCI”, que significa “máximo secreto” o “información sensible compartimentada.” Como señaló el Miami Herald, la designación TS/SCI significa que la información se supone que es manejada por un pequeño grupo de personas actualmente al servicio del gobierno, trabajando en entornos de alta seguridad.
También sabemos que los Archivos Nacionales ya tuvieron que recuperar 15 cajas de documentos del ex presidente a principios de este año. Esto no es algo aislado.
Él, por supuesto, se encogerá de hombros. De nuevo. Ya está en ello, afirmando que el FBI podría haber obtenido los documentos en cualquier momento. Dice que él mismo desclasificó los documentos. Eso es conveniente, y otro ejemplo de esa escala móvil de justicia que aplica según lo considera necesario.
Solo esta semana citó el derecho de la Quinta Enmienda contra la autoincriminación más de 440 veces durante una declaración en una investigación de Nueva York sobre las prácticas empresariales de la Trump Organization. En 2016, en un acto de campaña en Iowa, dijo: “La mafia se acoge a la Quinta Enmienda. Si eres inocente, ¿por qué te acoges a la Quinta?”.
Pero hay leyes y, presumiblemente —aunque ya no podamos darlo por hecho—, un ex presidente está obligado a cumplirlas. La Ley de Registros Presidenciales de 1978 exige que los presidentes entreguen los documentos a los Archivos Nacionales al final de su administración.
Y otra ley, que él mismo promulgó, aumentó de un año a cinco años de prisión la posible pena por “retirada y retención no autorizada de documentos o material clasificado”. Y eso sin tener en cuenta las penas por violación a la Ley de Espionaje o los otros delitos graves que podrían caer bajo las leyes citadas en los documentos de la orden de registro.
Donald Trump nos preparó bien para este momento, cambio nuestros estándares de lo que es la decencia, escándalo tras escándalo, hasta que llegamos al 6 de enero. La insensibilización no es casual. Pero es hora de que todos prestemos atención a lo que esta sucediendo.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de agosto de 2022, 1:28 p. m..