Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: En jaque la libertad de prensa en la región

El presidente panameño, Juan Carlos Varela (2 der.), junto al presidente de la SIP, Gustavo Mohme (der), firma la Declaración de Chapultepec dentro del marco de la reunión de medio año de la Sociedad Interamericana de Prensa en marzo pasado, en Ciudad de Panamá.
El presidente panameño, Juan Carlos Varela (2 der.), junto al presidente de la SIP, Gustavo Mohme (der), firma la Declaración de Chapultepec dentro del marco de la reunión de medio año de la Sociedad Interamericana de Prensa en marzo pasado, en Ciudad de Panamá. EFE

Silenciar la verdad –y atacar a sus custodios– se ha convertido en una norma en algunas naciones del hemisferio, donde regímenes antidemocráticos imponen controles gubernamentales a los flujos de información. No solo el periodismo es agraviado por estos viles poderes que reniegan todas las libertades, sino también por redes de crimen organizado, sicarios que prestan manos sangrientas a los narcotraficantes y grupos paramilitares.

Insultos, vejámenes, amenazas y prisión son el pan de cada día para los profesionales de la prensa. Peor aún, en el transcurso del último año, más de 20 periodistas fueron asesinados en Honduras, Paraguay, México, El Salvador, Colombia y Perú.

Además de Cuba, donde la libertad de expresión desde hace décadas está bajo candado, los países donde más se han violado las libertades son Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Argentina, según esboza un informe de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) adjunto a una presentación oral –titulada Amenazas a la libertad de prensa en las Américas– expuesta ante la Subcomisión de Asuntos Hemisféricos de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos la semana pasada.

En la isla del mar Caribe, por ejemplo, tres periodistas cubanos independientes continúan tras las rejas, purgando sentencias de hasta 14 años, mientras que el régimen acelera la detención masiva de disidentes por expresar, con valientes voces, opiniones políticas.

Entretanto, imitando la ideología de sus mentores cubanos, Nicolás Maduro se vale del férreo control cambiario de divisas para impedir a las pocas publicaciones que siguen izando la bandera de los principios democráticos comprar papel. A la par, usa a sus séquitos a fin de adquirir medios noticiosos otrora independientes, cubriendo con un velo la realidad, a la vez que acapara horarios en la televisión y la radio, arremetiendo contra sus críticos. El monopolio mediático es incluso más voraz en Nicaragua, donde un canal de televisión autónomo es el último bastión del derecho a la información.

Pero este revelador informe no solo describe el alarmante panorama, sino que también ofrece recomendaciones, iluminando a Washington el camino hacia un mejor continente. La organización exhortó al gobierno de Estados Unidos a instar a sus homólogos americanos a ajustarse a los principios de la Carta Democrática Iberoamericana que consagra la libertad de expresión y de prensa. En el contexto del acercamiento diplomático con La Habana, sostiene, es crítico que esta libere a los tres periodistas y permita a una delegación de la SIP visitar la isla, solicitud ya enviada al gobernante Raúl Castro.

La democracia no solo se edifica mediante un proceso electoral. Son esenciales, asimismo, la separación de poderes, un sistema judicial independiente, la transparencia gubernamental y el respeto al pluralismo de las ideas, reflejado en la prensa. Hoy se forja en la región una recia batalla por la verdad y la libertad. Urge redoblar los esfuerzos, con la ayuda de Estados Unidos, para minar los áridos campos de la represión del pensamiento.

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