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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Ante la crisis en Siria


El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ordenó ataques aéreos en Siria.
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ordenó ataques aéreos en Siria. AP

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, le hizo una mala jugada al presidente Obama, a pesar de que el lunes le estrechó la mano en Nueva York.

Dos días después, la aviación rusa lanzó una lluvia de bombas en Siria. Moscú afirmó que el ataque se llevó a cabo contra posiciones del Ejército Islámico, pero según el gobierno norteamericano, los bombardeos cayeron sobre enclaves de grupos combatientes que se oponen al mandatario sirio, Bashar al-Assad.

La acción unilateral de Rusia es sumamente peligrosa porque pone en peligro la vida de civiles sirios, y además daña la tensa relación entre Moscú y Washington. Al mismo tiempo, ayuda a Assad a consolidar su poder.

No hay razones para pensar que una incursión rusa en Siria termine mejor que su desastrosa invasión de Afganistán en la década de 1980, que aceleró el colapso de la Unión Soviética. Podrá ser una decisión audaz de Putin, pero podría resultar un fiasco como el de la intervención norteamericana en Irak y en Libia y agravar el caos que impera en el Medio Oriente.

Lo más probable es que las acciones de Putin en Siria empeoren las cosas, y no debe pasar mucho tiempo antes de que ese desastre sea visible para todo el mundo. Tarde o temprano, Putin entenderá que no puede resolver por su cuenta la cuestión siria, del mismo modo que Obama tampoco puede resolverla solo.

Entretanto, los bombardeos rusos despertarán la furia de la gente en el Medio Oriente contra Rusia, que hasta ahora se ha beneficiado de la ira provocada por la presencia militar norteamericana en la región.

Una injerencia de más envergadura en Siria, como el envío de tropas terrestres, debe considerarse con gran cautela. La solución del conflicto en el país árabe no será fácil, y sí muy costosa.

El Presidente ha cometido varios errores en su política hacia Siria, al tratar de encontrar un terreno común para apaciguar a los halcones sin comprometerse a una intervención militar a gran escala.

Pero se equivocó. No existe ese terreno común. Para ejercer un impacto decisivo en la crisis siria, hay que enviar tropas terrestres, y eso podría constituir también un error grave.

No obstante, el Presidente debe abandonar la idea de que entrenar y armar a una supuesta fuerza democrática siria es la respuesta a la crisis. No hay pruebas de que haya un número suficiente de esos combatientes democráticos para cambiar el rumbo de los acontecimientos en el atormentado país.

Pero Obama sí debe trazar y exponer una política clara y firme hacia Siria. Le debe esa decisión al público norteamericano.

Al mismo tiempo, debe incrementar el apoyo a gobiernos estables o casi estables en la región, amenazados por el caos en Siria, como Jordania, Líbano e Israel. Tal vez no podamos salvar a Siria, pero sí ayudar a nuestros amigos.

Y por último, hay que hacer algo con la marea de refugiados que llega a las costas europeas, se interna en el continente y pone a prueba la seguridad y los sistemas de socorro y ayuda de esas naciones. Lo cual cierra un círculo: la solución al problema de los refugiados es poner fin al conflicto civil en Siria, y eso solo puede lograrse con una decidida y bien trazada acción de la comunidad internacional, no con bombardeos devastadores que siguen encendiendo el odio.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de octubre de 2015, 0:57 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Ante la crisis en Siria."

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