EN NUESTRA OPINIÓN: Un pacto comercial que vale la pena
Después de más de cinco años de negociaciones, Estados Unidos y cinco países de Asia-Pacífico llegaron la semana pasada a un acuerdo de potencial transformador que una vez más pone a nuestra nación en la vanguardia de la economía mundial.
La Asociación Trans-Pacífica (TPP por sus siglas en inglés) abarca a países que constituyen el 40 por ciento de la economía mundial. Solo eso hace que el esfuerzo valga la pena, aun si los detalles todavía se ignoran. Es el mayor acuerdo comercial internacional que jamás se haya negociado, y probablemente el más complicado, que contiene más de 30 secciones sobre una gran variedad de temas de comercio, desde patentes hasta protección de la fauna y la flora.
Aunque el texto completo no se ha publicado al momento de escribir este editorial, sabemos que el acuerdo tiene muchas ventajas para los trabajadores y los consumidores norteamericanos.
El pacto pondrá fin a 18,000 aranceles a productos norteamericanos, entre ellos automóviles, maquinaria, tecnología de la información, productos de consumo y más. Eso facilitará a los productos estadounidenses competir en la vasta área cubierta por este acuerdo, y además abrirá nuevos mercados antes cerrados a nuestros productos. Lo cual, a su vez, conduce a la creación de empleos en Estados Unidos.
Acuerdos anteriores han recibido críticas por eludir normas laborales y ambientales, pero en este, como prometió el presidente Obama, se trata de aprender de errores del pasado y se han añadido nuevas cláusulas.
La medida se ha ganado el fuerte aplauso de los ambientalistas porque requiere que los firmantes del acuerdo cumplan con las normas de tratados sobre el medio ambiente y también pone límites nuevos al tráfico de animales y a los subsidios a la pesca ilegal.
En una entrevista concedida el martes pasado, el presidente Obama admitió que el TPP por sí solo no elevaría las normas laborales en países como Vietnam de la noche a la mañana, pero sí requiere a los signatarios que prohíban la explotación infantil y permitir a los trabajadores que formen sindicatos.
El acuerdo no es perfecto. No tiene cláusulas vinculantes sobre la manipulación de divisas, por ejemplo, y algunos grupos de consumidores dicen que obstaculizará el acceso a medicinas económicas en algunos países debido a las cláusulas que cubren medicinas patentadas y genéricas.
Pero mientras el pacto espera por la aprobación del Congreso, el presidente Obama debe concentrarse en los detalles fundamentales. El 95 por ciento de los consumidores de todo el mundo viven en otros países. Estados Unidos no puede darse el lujo de hacer un foso alrededor de sus fronteras, sino que debe elaborar acuerdos comerciales que favorezcan a nuestra nación.
La dimensión geopolítica del TPP es tan importante como su impacto económico. No negociar un acuerdo habría sido un revés para la credibilidad de Estados Unidos en todo el mundo porque este país, como nación líder en el ámbito comercial, se ve como un gran beneficiario. Además, fortalece nuestra alianza con Japón, que sirve de contrapeso a la creciente influencia de China en la región y refuerza la influencia de Estados Unidos en una parte del mundo de creciente importancia.
Sin duda, el pacto estará en la mira de los aspirantes en la campaña presidencial. Los candidatos deben atenerse a los hechos, no usar tácticas que falseen la realidad. Si el acuerdo está a la altura de las promesas del presidente Obama, fortalecerá la economía norteamericana y la posición de nuestro país en el mundo.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de octubre de 2015, 2:45 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Un pacto comercial que vale la pena."