EN NUESTRA OPINIÓN: Crisis tras las rejas
Los que dirigen la Institución Correccional de Miami-Dade (DCI) tienen un problema para manejar crisis.
La fuga de Ronald “Psycho” McCoy, condenado a cadena perpetua, de la prisión del sur de Miami-Dade es causa de preocupación.
En su fuga contó con una seguridad deficiente, que debió haber sido más rigurosa.
McCoy, condenado a dos sentencias de cadena perpetua y que tiene un historial de crímenes, se fugó la mañana de Halloween. Pero pasaron varias horas antes de que las autoridades del DCI alertaran a los funcionarios estatales de prisiones. Después pasaron otras cinco horas antes que alguien llamara a la policía. La policía de Miami-Dade fue notificada de la fuga a las 5:15 p.m. El Departamento de Policía de la Florida fue alertado media hora después. Los funcionarios de Homestead se enteraron a eso de las 6 p.m. Y nadie alertó a los medios. Solo entonces, alrededor de las 6:30 p.m., el sistema de prisiones emitió un comunicado de prensa. Eso significa que McCoy tuvo una ventaja inicial en su fuga, cortesía de las autoridades, con el consiguiente peligro para los vecinos de la zona.
Las autoridades en todos los niveles no han explicado por qué tardaron tanto en avisar de la fuga.
Todo esto requiere una investigación del Departamento de Justicia federal en ese penal. Si el Departamento investigó hace años al Departamento de Policía de Miami por la muerte a tiros de varios jóvenes negros desarmados, debería hacer lo mismo con un departamento de prisiones donde ha habido torturas, muertes y ahora una fuga.
McCoy fue apresado tres días después en West Palm Beach, manejando una camioneta robada. Ese episodio ha concluido, pero persisten los problemas que permitieron la fuga, y que también han causado que reclusos con trastornos mentales hayan muerto en la prisión, que se haya silenciado a los que han hecho denuncias, y que se hayan retrasado o bloqueado los intentos de investigar o presentar cargos.
Hace dos semanas, antes de la fuga de McCoy, el alcaide del DCI, Les Odom, anunció su retiro tras solo tres meses en el cargo. Había sustituido a Jerry Cummings, quien tuvo que irse después que funcionarios de prisiones metieron a un recluso bajo una ducha de agua hirviendo. El recluso murió. Cummings le dijo al Miami Herald que el DCI es un desastre: hay falta de personal, y algunos puestos se quedan sin vigilancia; agentes no van a trabajar, pero se reportan presentes; algunos empleados pasan drogas a reclusos, y hay muchas fallas de seguridad.
Las denuncias de Cummings se deben tener en cuenta. Hace falta cuanto antes una investigación amplia e independiente sobre los problemas en el DCI, por el bien de todos.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de noviembre de 2014, 8:00 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Crisis tras las rejas."