EN NUESTRA OPINIÓN: Venezuela: las confesiones de un ex fiscal
Aun en Venezuela, donde el abuso del gobierno es cotidiano, la noticia cayó como una bomba: el fiscal estatal que recientemente acusó al dirigente opositor Leopoldo López huyó al extranjero y denunció las “falsas pruebas” que se usaron para sentenciar a López en un caso que hizo titulares y que recibió un gran rechazo en todo el mundo.
Nunca ha habido dudas de que el caso fue manipulado. Fue una maniobra orquestada por el gobierno del presidente Nicolás Maduro, pero las revelaciones del fiscal dejan al gobierno sin una hoja de higo tras la que ocultarse.
Grupos de derechos humanos han denunciado el proceso contra López por su falta de las garantías más elementales de un proceso justo y de las protecciones fundamentales para el acusado. Pero aun a los venezolanos familiarizados con el carácter siniestro del gobierno los estremecieron las declaraciones públicas de Franklin Nieves, cuyas revelaciones dejaron al descubierto la naturaleza corrupta de la pandilla que gobierna en Venezuela.
En un video colocado en internet hace unos días, Nieves dijo que decidió irse del país porque ya no podía seguir desempeñando el papel que tenía asignado en la farsa judicial contra López. Dijo que huyó con su familia “en virtud de la presión que estaba ejerciendo el Ejecutivo nacional y mis superiores jerárquicos para que continuara defendiendo las pruebas falsas con que se había condenado al ciudadano Leopoldo López”.
Nieves parece algo nervioso pero sincero en el video cuando confiesa que no podía cumplir las órdenes de defender el caso en una apelación. “No dormía por el dolor y la presión que daba continuar con una farsa, para continuar con ese juicio que violaba los derechos injustamente a esa persona”.
La confesión de Nieves deja claro que nunca hubo un caso legítimo contra Leopoldo López. Todo fue una ficción, ordenada por los superiores de Nieves en cumplimiento del llamado del presidente Maduro para que arrestaran al activista político y los frecuentes discursos en los que lo demonizaba. Un juez halló culpable a López y le impuso una sentencia de 13 años y nueve meses por incitar motines, ignorando las pruebas de los repetidos llamamientos públicos que hizo López de que no hubiera violencia en las protestas pacíficas contra el gobierno.
La credibilidad del gobierno venezolano ha estado en tela de juicio desde hace años, aun antes de que el difunto Hugo Chávez nombrara a Maduro como su sucesor, pero el caso de López borra cualquier duda que los ingenuos todavía pudieran abrigar.
En este momento, debería ser perfectamente obvio que el emperador de Venezuela está desnudo. Solo los partidarios más crédulos o fieles de la pandilla que ocupa el Palacio de Miraflores pueden creer otra cosa.
Para Maduro y sus seguidores, esta es la última en una cascada de malas noticias. La economía pende de un hilo mientras el precio del petróleo se desploma, y ahora el Departamento de Justicia de Estados Unidos está investigando si la petrolera estatal fue utilizada para lavar miles de millones de dólares.
Ahora, incluso algunos viejos aliados latinoamericanos están dando marcha atrás. Recientemente, un respetado tribunal electoral de Brasil se retiró de la misión de observadores sudamericanos a las próximas elecciones en diciembre, diciendo que no pueden garantizar la imparcialidad bajo las regulaciones del gobierno. Teniendo en cuenta elecciones anteriores, tienen razón.
A Maduro le resultará imposible salir del aprieto en que se encuentra. Su gobierno no tiene una estrategia realista de supervivencia. El cerco se cierra. La única opción racional es cambiar de rumbo, empezando por poner en libertad a Leopoldo López e iniciar un diálogo con la oposición que pueda producir un acuerdo para celebrar elecciones genuinamente libres. No es demasiado tarde para evitar un desastre, pero el tiempo se agota.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de noviembre de 2015, 0:35 a. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Venezuela: las confesiones de un ex fiscal."