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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: La reforma de inmigración sigue varada

El legislador republicano Paul Ryan, recibe un martillo de manos de la líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes de EEUU, Nancy Pelosi, tras ser confirmado por la Cámara de Representantes de Estados Unidos como su nuevo presidente, en el Capitolio de Washington.
El legislador republicano Paul Ryan, recibe un martillo de manos de la líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes de EEUU, Nancy Pelosi, tras ser confirmado por la Cámara de Representantes de Estados Unidos como su nuevo presidente, en el Capitolio de Washington. EFE

No es una sorpresa que el representante republicano Paul Ryan, el nuevo presidente de la Cámara, declarara que la reforma de inmigración está muerta en el actual período de sesiones del Congreso actual. El grupo teapartidista de su comité republicano lo desgarraría políticamente si se atreviera a presentar un proyecto de reforma genuina.

Pero hay que observar que el tema es muy importante para el futuro del país, y no va a desaparecer simplemente porque un partido no pueda resolverlo. Culpar al presidente Obama por el problema, como hizo el representante Ryan esta semana, es una grosera distorsión de la verdad.

El Presidente ha cometido errores con la reforma inmigración. Por ejemplo, no le dio prioridad durante su primer período en la Casa Blanca. Pero no es culpable del prolongado retraso.

“El Presidente ha demostrado que no es digno de confianza en este tema, porque trató de reescribir la ley unilateralmente”, dijo Ryan en una entrevista televisada el domingo, pocos días después de ocupar el puesto de nuevo líder republicano de la Cámara.

Es cierto que el Presidente emitió una orden ejecutiva para proteger a los inmigrantes de la deportación después que se hizo obvio que los republicanos iban a bloquear todos los esfuerzos por lograr una verdadera reforma. Pero veamos lo siguiente:

En un esfuerzo por mostrar a los republicanos que no descuida la aplicación de la ley, el presidente Obama deportó a tantos indocumentados durante sus primeros años en el cargo que los defensores de los inmigrantes lo llamaron “Deportador en Jefe”. Aun así, sus adversarios republicanos no le dieron crédito.

El Senado aprobó una propuesta de reforma de inmigración bipartidista, con 14 votos republicanos, después de la reelección de Obama en el 2012.

Cuando esa propuesta pasó a los representantes, Obama no hizo ruido, con el fin de darle espacio para maniobrar al entonces presidente de la Cámara, John Boehner. Pero aun así, los republicanos de la Cámara rechazaron la medida.

Antes de ese rechazo, Boehner había declarado que tenía confianza en que “el Presidente, yo y otros podamos encontrar un terreno común” para resolver la inmigración. Después cambió el tono. En vez de decir que podía trabajar con la Casa Blanca, declaró que el fallo se debió a que se dudaba que “se pudiera confiar en esta administración para imponer nuestras leyes”.

La orden ejecutiva del Presidente está ventilándose en los tribunales. Pero no se puede culpar al mandatario por hacer un esfuerzo desesperado para intentar resolver un apremiante problema nacional después que los republicanos de la Cámara rechazaron una solución. Demostraron que no tenían el menor interés en redactar una propuesta bipartidista de reforma para dar un alivio a los inmigrantes indocumentados.

Ahora los republicanos siguen repitiendo que no se puede confiar en Obama. Pero el hecho de que lo repitan no quiere decir que sea verdad. No coincide con el historial del Presidente y no facilita la solución del dilema republicano con la reforma de inmigración. Los republicanos necesitan desesperadamente atraer a votantes hispanos para su causa en el 2016, pero también están atrapados con un innegable historial de rechazo legislativo y con un candidato presidencial, Donald Trump, a la cabeza de las encuestas, que ha prometido deportaciones masivas.

Eso dificulta aún más que los miembros razonables del partido del representante Ryan encuentren una solución, y logren atraer los votos que los republicanos necesitan para ganar la Casa Blanca. La afirmación de Ryan de que no se puede confiar en el Presidente puede sonar bien en su comité, pero no entre los votantes cuyo partido necesita para ganar la contienda presidencial.

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de noviembre de 2015, 11:47 a. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: La reforma de inmigración sigue varada."

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