Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: El espíritu de Miami

Cuando el presidente Bill Clinton y otros 33 jefes de Estado se reunieron en una histórica Cumbre de las Américas en Miami hace 20 años esta semana, se comprometieron con el sueño de un hemisferio occidental totalmente democrático, desde Canadá hasta la Patagonia, un sueño que aún no se ha realizado.

Abundaban los escépticos, y siguen abundando. Señalan la inflexible dictadura en Cuba. El surgimiento de falsas democracias como la de Venezuela, que se apoyan en la represión para mantenerse en el poder. El crimen que devasta a Centroamérica. La plaga de corrupción en democracias genuinas como la de México. Y la desigualdad económica casi en todas partes, y profundos bolsones de pobreza en países como Haití.

Algunas de las metas más ambicionadas de la Cumbre de 1994, como la creación de un Área de Libre Comercio de las Américas, nunca se lograron. Tampoco se logró darle nueva vida a la Organización de Estados Americanos para que pudiera “promover y consolidar la democracia representativa”.

Pero la verdadera medida del éxito está en el progreso que se ha logrado y en lo que ha quedado atrás: las juntas y los golpes militares y las guerras civiles, comunes en América Latina en gran parte del siglo XX, ya no existen.

En su lugar hay una región del mundo cuyas aspiraciones se expresaron claramente en la Cumbre de Miami de 1994. Los objetivos señalados no se han alcanzado en su totalidad, pero siguen siendo parte de un plan vital y viable que las naciones del hemisferio pueden lograr, si tienen la voluntad.

Como declaró el secretario de Estado, John Kerry, en un discurso pronunciado el miércoles por el vigésimo aniversario de la Cumbre de las Américas, se ha logrado un gran progreso. Estados Unidos ha firmado acuerdos de libre comercio con 12 países del hemisferio. El TLC es un éxito innegable. La desigualdad entre ricos y pobres, todavía demasiado grande, se reduce más rápido aquí que en cualquier otra parte del mundo. Y millones han salido de la pobreza gracias a gobiernos que confían en mercados libres fuertes y justos. Colombia está en busca de la paz con la guerrilla.

América Latina y el Caribe han avanzado mucho en los 20 años pasados, pero la lista de lo que falta por hacer, como señaló Kerry, empieza con nuestros propios problemas. El más importante es reducir la demanda de drogas, que mantiene a las bandas criminales en Centroamérica, México y Estados Unidos. Era un problema en 1994, y hoy quizá sea un problema mayor.

Los oídos probablemente le sonaron al presidente Nicolás Maduro cuando Kerry mencionó que las democracias requieren medios noticiosos independientes, elecciones transparentes y una firme sociedad civil.

Las restricciones a la prensa, las elecciones amañadas, las violaciones de los derechos cívicos y las trabas a la sociedad civil no están tan extendidas como en 1994, pero aún existen.

Todo esto forma parte de la agenda inconclusa de la Cumbre de las Américas de 1994, que el presidente Clinton cerró invocando lo que llamó “el espíritu de Miami”. La esperanza democrática en el hemisferio sigue viva.

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