EN NUESTRA OPINIÓN: El debate de inmigración en el tapete
El debate de inmigración estuvo de nuevo en un lugar destacado de la agenda nacional esta semana, en un foro como un problema jurídico y en otro, el debate republicano, con toques tan surrealistas como las aspiraciones presidenciales de algunos candidatos.
Hay una buena noticia: algunos republicanos están empezando a decir la verdad al público en los debates, después de formular propuestas fuera de contacto con la realidad sobre la deportación, un muro en la frontera con México y quién pagará el costo de levantar esa muralla.
Cuando Donald Trump volvió a prometer que se alzaría un muro, que deportaría a millones de inmigrantes indocumentados, y que obligaría al gobierno mexicano a pagar la construcción del muro, por lo menos otros dos candidatos le salieron al paso.
La propuesta de Trump —deportar a medio millón de inmigrantes al mes— “simplemente no es posible”, alertó el ex gobernador de la Florida Jeb Bush. “No coincide con los valores norteamericanos, desgarraría a las comunidades, y enviaría una señal de que no somos la clase de país que yo sé que es Estados Unidos”.
El gobernador de Ohio, John Kasich, que por su trabajo tiene que vivir en el mundo real y no en el mundo de fantasía de Trump, terció rápidamente con comentarios sensatos: “Todos sabemos que no podemos recogerlos y enviarlos de vuelta a través de la frontera”, dijo. “Es un argumento tonto, no es un argumento de adultos”.
La decisión de desafiar a Trump en el tema de la inmigración, que es el tema distintivo del empresario, sugiere que los debates están teniendo un impacto positivo en la contienda republicana.
Mientras más candidatos y su público se vean forzados a concentrarse en soluciones reales para problemas reales, mejor estará el electorado, y las ideas fantasiosas de Trump serán descartadas.
En cuanto al otro foro, la noticia no es tan buena para los partidarios de la reforma de inmigración. Un tribunal federal de apelaciones dijo que el presidente Obama había excedido su autoridad al usar el poder ejecutivo para dar permisos de trabajo y protección de la deportación a 5 millones de inmigrantes indocumentados.
El Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito dijo que el programa de inmigración del gobierno de Obama dirigido a proteger a los padres indocumentados de ciudadanos norteamericanos excedió los poderes que el Congreso le ha autorizado al presidente. No nos gusta, pero respetamos la decisión del tribunal y su razonamiento legal.
De todas formas, el Presidente ha decidido correctamente pedir al Tribunal Supremo que decida sobre la orden ejecutiva de inmigración. Obama no actuó caprichosamente ni sin considerar a la rama legislativa, sino que lo movió el sentimiento de frustración ante un Congreso que siempre ha dicho que no y que no ha resuelto el problema de 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en este país.
Es irreal decir que se puede deportarlos a todos, y también el Congreso es irresponsable por cruzarse de brazos en vez de resolver el problema. Esta inacción crea su propio nivel de frustración en el terreno público y se enfoca en demagogos como Donald Trump con sus ideas inviables.
El tema que Obama quiere que el Tribunal Supremo considere no se debe resolver apuntando simplemente a los detalles de las órdenes ejecutivas, sino considerando el derecho del presidente a emprender una acción —su deber de actuar— cuando el Congreso, por razones puramente políticas, se niega a hacer su parte.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de noviembre de 2015, 0:34 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: El debate de inmigración en el tapete."