EN NUESTRA OPINIÓN: Un calendario cómodo para el Congreso
A juzgar por el cronograma del año próximo, los congresistas ni siquiera van a sufrir la molestia de fingir que están haciendo su trabajo. El Senado planea dedicar no más de 143 días a sus tareas en el 2016, y el calendario de la Cámara todavía es más relajado: solamente 111 días de período de sesiones, aproximadamente dos días a la semana.
En parte se debe a la rutina de un año de elección presidencial. Los congresistas quieren asistir a convenciones de su partido y pasar un tiempo en sus distritos mientras tratan de conservar sus escaños.
También es el último año del presidente Obama en su cargo, y los republicanos en el Capitolio no quieren que los vean colaborando con el actual inquilino de la Casa Blanca. No si quieren conservar sus puestos.
Pero este calendario notablemente breve es un mal servicio a los contribuyentes. Mientras los congresistas buscan su bienestar político, la atención al público se descuida. Y hay muchos problemas que requieren atención, pero los congresistas no quieren afrontarlos.
¿La reforma de inmigración? ¿Para qué molestarse? Es mucho mejor atacar al Presidente y presentar demandas que aprobar una ley que ayudaría a muchos. Aunque se trata de un problema grave y todos coinciden en que la ley actual es inadecuada, no es probable que el Congreso entre en acción el año próximo.
Los ataques en París han renovado la atención al enorme riesgo que representan los terroristas del Medio Oriente. Pero el Congreso no parece decidido a aceptar la solicitud del presidente Obama de nuevos poderes para librar campañas bélicas contra el Estado Isámico, que presentó en febrero. Es mejor criticar la política exterior de la Casa Blanca que votar a favor o en contra de su plan para combatir al Estado Isámico.
¿La desigualdad social? Por lo menos algunos candidatos presidenciales republicanos coinciden con los demócratas en que es un problema real que los legisladores deben abordar. Pero las probabilidades de que el Congreso lleve a cabo una votación sobre, por ejemplo, subir el salario mínimo el año próximo son prácticamente cero.
Hasta las tareas de rutina se descuidaron este año, y el 2016 no se perfila mejor. El Senado ha confirmado a 135 nominados por Obama a cargos ejecutivos, pero muchos más languidecen en el Congreso. Uno de ellos es para el puesto vacante de subsecretario del Tesoro para terrorismo y delitos financieros, para el cual Obama nominó a alguien en abril. A manera de comparación, en el séptimo año de la presidencia de George W. Bush, el Senado, controlado por los demócratas, confirmó a 234 nominados en el 2007. Entretanto, solo 10 puestos judiciales vacantes se han confirmado este año, dejando 66 puestos abiertos, el ritmo más lento de confirmaciones en más de medio siglo.
Eso no fue lo que el senador Mitch McConnell prometió cuando ocupó el puesto de líder de la mayoría del Senado, ni lo que el representante Paul Ryan ofreció cuando se convirtió en presidente de la Cámara este año. Merecen una felicitación por haber aprobado un gran acuerdo sobre el presupuesto el mes pasado, pero, ¿cómo podrán cumplir su promesa de restaurar un buen funcionamiento en el Congreso con un calendario con tan pocas oportunidades de hacer algo?
La respuesta habitual de los congresistas a estas críticas es que quieren pasar menos tiempo en la capital del país, y más en sus estados, hablando con “el pueblo”. Suena formidable, pero el resultado, además de un estancamiento legislativo, es un índice de aprobación del Congreso entre el público del 13 por ciento, uno de los niveles más bajos de la historia.
Quizá “el pueblo” prefiera que sus representantes se queden en Washington y hagan sus tareas. A fin de cuentas, ese es el trabajo para el que se postularon.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de noviembre de 2015, 3:45 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Un calendario cómodo para el Congreso."