Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: EEUU-Cuba, una píldora amarga

Más de 200 manifestantes se reunieron para mostrar su rechazo a la decisión del gobierno de reanudar los diálogos entre EEUU y Cuba.
Más de 200 manifestantes se reunieron para mostrar su rechazo a la decisión del gobierno de reanudar los diálogos entre EEUU y Cuba. El Nuevo Herald

La decisión del presidente Obama de normalizar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba fue recibida con entusiasmo en muchos círculos, pero para muchos exiliados cubanos fue un duro golpe.

Los exiliados que vinieron para vivir en democracia, sobre todo los de más edad, los que llegaron en las primeras décadas del exilio, nunca han perdonado a Castro por imponer una dictadura, ejecutar a miles de personas, descarrilar sus vidas y separar a las familias cubanas.

Se sienten traicionados ante lo que consideran otra victoria para el régimen cubano. Les resulta difícil asimilar el golpe que representa el acuerdo entre el país donde viven y su peor enemigo. Les resulta inconcebible que un presidente de Estados Unidos ignore y socave su lucha de cinco décadas contra el régimen de los hermanos Castro, en un acuerdo que no exigió un mejoramiento inmediato de la situación de los derechos humanos en Cuba.

Después de muchos años de oponerse tenazmente a Castro y de apoyar el embargo, muchos exiliados piensan que Raúl Castro engañó a los bien intencionados Estados Unidos. El régimen cubano salió de la mesa de negociaciones con la promesa de más turistas norteamericanos a Varadero; más remesas a la isla; el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, y transacciones bancarias y telecomunicaciones norteamericanas para la isla.

Estados Unidos obtuvo la liberación de Alan Gross, mientras Cuba recibió a tres espías presos en Estados Unidos, pero sin hacer ninguna promesa de cambio. Señalan que es injusto, y en esto tienen el apoyo de los congresistas cubanoamericanos.

Es una bofetada para los exiliados que sufrieron el fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, el envío de criminales entre los exiliados que vinieron en el éxodo del Mariel, el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, y el retorno a Cuba de Elián González.

Como lo demostraron en la manifestación en el restaurante Versailles en la Calle Ocho, los exiliados no están anclados en el pasado. A lo largo de las décadas, su sueño de regresar a la isla se ha visto empañado por la desesperanza de no volver a ver una Cuba libre. Sus heridas nunca se han curado. Y ahora se produce un acuerdo.

Sin duda, el cambio en la relación entre Estados Unidos y Cuba es histórico, y en realidad se iba a producir, tarde o temprano. El presidente Obama puso fin a un diferendo de la Guerra Fría que lo alejaba de sus vecinos del hemisferio. Pero de todas formas, para muchos exiliados es una píldora amarga y difícil de tragar. Y es fácil entenderlo.

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