EN NUESTRA OPINIÓN: Más opciones frente al Estado Islámico
Cuando el presidente Barack Obama anunció una campaña internacional para “degradar y por último destruir” al Estado Islámico el año pasado, la organización era más que nada una amenaza regional. Pero los ataques coordinados en París que dejaron un saldo de 130 muertos, y el derribo de un avión ruso de pasajeros indican que el grupo está exportando el terrorismo a escala internacional.
En respuesta a esos espasmos de matanza indiscriminada, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha aprobado una resolución que insta a la comunidad mundial a tomar “todas las medidas necesarias” para evitar acciones terroristas del Estado Islámico y grupos similares.
¿Qué debe significar eso para la política exterior norteamericana? Muchos rechazan la propuesta del senador Lindsey Graham, republicano por Carolina del Sur, de desplegar 10,000 soldados estadounidenses en la región.
Pero Estados Unidos y sus aliados pueden y deben incrementar la presión sobre el Estado Islámico en Siria e Irak reconociendo los planes de expansión del grupo, y sin comprometer “botas en el terreno”. Se cree que el gobierno está considerando triplicar el número de 50 soldados de operaciones especiales que Obama dijo que enviaría a Siria, y el Pentágono podría incrementar la frecuencia y la intensidad de los ataques aéreos, sobre todo apuntando a instalaciones petroleras que son una fuente de ingresos para el Estado Islámico.
En un discurso reciente en medio de su campaña electoral, la ex secretaria de Estado Hillary Clinton pidió a países de la región como Jordania y Turquía que aumenten su participación en la lucha contra el Estado Islámico. Pero también sugirió un papel más flexible para los más de 3,000 soldados norteamericanos destacados en Irak como entrenadores y asesores. Hillary permitiría que el personal norteamericano se mezclara con las unidades iraquíes y ayudara a pedir ataques aéreos. Ese cambio de actitud aumentaría el riesgo para las tropas de Estados Unidos, pero también mejoraría la eficacia de las operaciones contra los bastiones del Estado Islámico.
Hay grandes objeciones al aumento de la participación militar norteamericana. Una es que si el aumento de esa participación no cumple sus objetivos, Obama y sus asesores podrían verse tentados a llevar a cabo una escalada. Es el famoso argumento del “atolladero”, y no se puede descartar alegremente. Pero también es una justificación para no emprender ninguna acción. Sería mejor que el Congreso apruebe una Autorización para el Uso de Fuerza Militar contra el Estado Islámico que mantenga la promesa del Presidente de no desplegar tropas de combate en la región.
Por último, reducir la influencia del Estado Islámico también requerirá esfuerzos por detener la llegada de combatientes extranjeros al Medio Oriente, evitar la radicalización de jóvenes y bloquear las fuentes de financiamiento de organizaciones terroristas. La fuerza militar es una parte importante de la ecuación —sobre todo a la hora de privar al Estado Islámico de territorios desde los cuales pueden planear e instigar ataques— pero no bastará para contrarrestar la influencia del grupo.
Obama ha realizado un esfuerzo serio para contener al Estado Islámico, aun recurriendo a la acción militar a la cual se opuso en una ocasión. Pero eso no significa que no se pueda hacer más.
Una versión más extensa de este editorial se publicó originalmente en inglés en Los Angeles Times.
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de noviembre de 2015, 1:04 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Más opciones frente al Estado Islámico."