Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Una importante nominación retrasada

A pesar de las diferencias políticas entre recientes presidentes, todos, en un momento u otro, han reafirmado enfáticamente la importancia de mantener una relación constructiva y amistosa con México.

En un discurso en la radio nacional durante su primer año en el cargo, el presidente Ronald Reagan dijo que las relaciones con México eran “una de las más altas prioridades de nuestra administración”. Cada presidente desde entonces ha dicho más o menos lo mismo, y ha actuado en consecuencia nominando a algunos de los servidores públicos más confiables y experimentados para manejar las relaciones con México. John Negroponte, embajador en México durante la presidencia de George H.W. Bush, fue más tarde el primer director de inteligencia nacional del país, en el gobierno del presidente George W. Bush.

Hoy, esa relación es más importante que nunca, debido a las preocupaciones sobre el terrorismo y a la importancia de la seguridad fronteriza.

Lamentablemente, Estados Unidos no tiene un embajador en Ciudad de México desde hace cuatro meses, y algunos senadores parecen decididos a que la situación siga así, no importa el daño que cause a nuestras relaciones con México.

La subsecretaria de Estado Roberta Jacobson, que fue nominada para el cargo hace seis meses, no ha podido ocuparlo por la oposición de varios senadores. Entre esos senadores están Bob Menéndez, demócrata por Nueva Jersey, y Marco Rubio, republicano por la Florida. Ambos han manifestado su oposición a la normalización de las relaciones de Estados Unidos con Cuba, un proceso que comenzó el pasado 17 de diciembre y en el que Jacobson, como subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, desempeñó un papel fundamental.

Tanto Rubio como Menéndez han expresado que sus dudas con el nombramiento de Jacobson al cargo de embajadora en México se deben a otras razones, como cuestiones de derechos humanos y la actitud del Departamento de Estado al no presionar lo suficiente para exigir la extradición del narcotraficante Joaquín “el Chapo” Guzmán.

Pero muchos observadores interpretan las maniobras dilatorias de los senadores como un castigo por el papel de Jacobson en poner fin a más de medio siglo de ruptura diplomática entre Estados Unidos y Cuba.

Por las razones que sean, primero obstaculizaron su nominación en el Comité de Relaciones Exteriores por cuatro meses con varios retrasos, y ahora están demorando una votación en el Senado con tácticas similares. Eso es injusto para la nominada y perjudicial para el interés nacional de Estados Unidos. Los senadores Rubio y Menéndez tienen todo el derecho de oponerse a la política del gobierno de Obama hacia Cuba —o a cualquier otra política— pero es un error obstaculizar la votación en el Senado sobre la nominación de Jacobson.

Como diplomática de carrera en el Departamento de Estado, Jacobson ha trabajado en los gobiernos del segundo presidente Bush y del presidente Obama. En ambas administraciones ocupó puestos de alto nivel relacionados con América Latina. Si es confirmada, sería la primera mujer en ocupar el cargo de embajadora norteamericana en México, un logro muy meritorio.

Las relaciones con México abarcan un gran número de temas: energía, drogas, educación, derechos humanos y seguridad fronteriza. Los dos países intercambian cada día $1,300 millones en bienes a través de la frontera. Pero sin un embajador confirmado, la relación está detenida, lo cual no es bueno para nadie.

En su discurso radial de 1988, el presidente Reagan declaró: “Los pueblos y los gobiernos de los Estados Unidos y de México son y deben ser amigos. Nuestros intereses nacionales lo dictan; nuestros pueblos lo demandan”.

Retener la nominación de Jacobson por más tiempo es un abuso del privilegio senatorial. Los senadores Rubio y Menéndez deben dejar que el Senado vote sobre la nominación antes de las vacaciones de Navidad.

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