Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Una tarea humanitaria en Navidad

Arnold Abbott (centro), ayudado por voluntarios, sirve comidas a los desamparados en la playa de Fort Lauderdale.
Arnold Abbott (centro), ayudado por voluntarios, sirve comidas a los desamparados en la playa de Fort Lauderdale. ARCHIVO

Un anciano con el corazón lleno de energía y de amor al prójimo ganó este martes una victoria parcial en su empeño por ayudar a los desfavorecidos.

Arnold Abbott, que tiene de 90 años de edad, se dedica desde hace tiempo a servir comidas a los indigentes en un estacionamiento público de Fort Lauderdale, cerca de la playa. Abbott llevaba a cabo esta labor humanitaria desafiando una ordenanza de la ciudad que prohíbe alimentar a los desamparados en espacios públicos. La ordenanza entró en vigor el pasado noviembre, pero Abbott hizo caso omiso y siguió adelante con su tarea generosa, a pesar de que la policía le dio varias citaciones. Sin embargo, el 3 de diciembre un juez rehusó enjuiciar a Abbott, quien salió del tribunal libre de cargos.

El martes pasado, el Ayuntamiento de Fort Lauderdale suspendió la prohibición durante treinta días. Abbott puede continuar sirviendo comida a los pobres durante un mes sin que las autoridades le pongan obstáculos. Pero no está contento, ya que esperaba una solución definitiva al problema.

“Esperaba que hoy hubiera una resolución judicial”, señaló Abbott. “Ellos saben que lo que están haciendo está mal”.

Las fiestas de diciembre, tanto la Navidad como Hanuka o Kwanzaa, giran en torno a la celebración familiar y al espíritu de paz y generosidad hacia el prójimo. Sea cual sea la religión que uno practique, como si no practica ninguna, estas fechas están envueltas en la solidaridad y el amor, sentimientos que son una característica esencial de nuestra humanidad.

El deseo de compartir lo que tenemos con nuestros seres queridos, el empeño de hacer más llevaderas las vidas de todos, adquieren una particular relevancia en esta época del año.

Arnold Abbott es un ejemplo del espíritu de las fechas de celebración, siempre tan esperadas. Mientras la ciudad de Fort Lauderdale le da un respiro de un mes, en espera de la solución judicial definitiva, el joven de 90 años seguirá realizando su tarea humanitaria en esta Navidad y Año Nuevo.

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