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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Una política en la Florida que hace agua

La ley impacta al Sur de la Florida y también podría descarrilar los esfuerzos por restaurar los Everglades al fijar nuevos plazos para limpiar el lago Okeechobee, donde el nivel de fósforo tras décadas de acumulación por los desechos de la agricultura y de los pueblos cercanos sigue creciendo.
La ley impacta al Sur de la Florida y también podría descarrilar los esfuerzos por restaurar los Everglades al fijar nuevos plazos para limpiar el lago Okeechobee, donde el nivel de fósforo tras décadas de acumulación por los desechos de la agricultura y de los pueblos cercanos sigue creciendo.

El agua es un recurso precioso. Pregunten a los residentes de Flint, Michigan.

Debe haber reglas, restricciones y regulaciones para preservar nuestro suministro. Pero hace unos días a los floridanos nos quitaron la oportunidad de garantizar la calidad del futuro suministro de agua del estado.

La mayoría de los legisladores aprobó la propuesta de ley SB 552. La consideraron un importante hito en la solución de nuestras inquietudes con la calidad del agua en el norte, el centro y el sur de la Florida, pero aunque en realidad es un gran error, el gobernador Rick Scott la aprobó rápidamente en vez de darle un merecido veto.

La propuesta original comenzó como un plan ambicioso para limpiar las fuentes, los ríos y los lagos de la Florida y proteger los acuíferos. Pero en el proceso legislativo acumuló tantos errores que Bob Graham, ex senador y ex gobernador de la Florida, envió una carta al gobernador Scott rogándole que no firmara la ley, que, según Graham, favorece “flagrantemente” a intereses especiales, ata las manos de los distritos locales de administración del agua y podría cargar a los contribuyentes con el costo de la limpieza de la contaminación.

“Esta medida deja a la gente y a los negocios de la Florida mal preparados para afrontar los retos del agua en el siglo XXI”, escribió Graham en una carta también firmada por más de 100 grupos activistas. Fue inútil.

Graham, que fue uno de los mejores gobernadores de la Florida, dijo que no va a ceder y que tampoco deben ceder los floridanos preocupados por cada aspecto de nuestra agua. Y todos debemos preocuparnos.

Graham dijo que la nueva política “representa un esfuerzo intencional por debilitar la protección y la administración de los recursos hídricos de la Florida”. La errada política no se detiene ahí: no hace nada por reducir el consumo de agua en un estado que ya tiene 19 millones de residentes, y no hace gran cosa por evitar el derrame de contaminantes en nuestras vías acuáticas.

En vez de eso, la nueva política sobre el agua se inclina ante la industria agrícola: permite a la industria vigilarse por su cuenta, al suavizar las normas contra la polución y confiar en las llamadas “mejores prácticas de administración”. Da a los usuarios de grandes cantidades de agua décadas para alcanzar sus objetivos de limpieza. ¿Hay multas o sanciones para garantizar que los usuarios sigan las reglas? Ninguna.

La ley impacta al Sur de la Florida y también podría descarrilar los esfuerzos por restaurar los Everglades al fijar nuevos plazos para limpiar el lago Okeechobee, donde el nivel de fósforo tras décadas de acumulación por los desechos de la agricultura y de los pueblos cercanos sigue creciendo.

Y otro golpe más para los contribuyentes: hay un programa de “reparto de costos” que requiere que los distritos de administración del agua subsidien los esfuerzos de control de la polución de la industria agrícola. Sí, los contribuyentes de la Florida también pagarán a la industria agrícola para que limpie sus desastres.

¿Cómo esta medida perdió el control? La medida comenzó como una visión para crear una política sobre el agua que preservaría y limpiaría nuestras vías acuáticas y nuestros acuíferos y costearía el trabajo con abundantes fondos después que los votantes aprobaron la Enmienda 1 para crear una fuente permanente de dinero dedicado al efecto.

Después el presidente de la Cámara, Steve Crisafulli, republicano por Merritt Island, reveló un plan “histórico” que según dijo “modernizaría” la política de la Florida sobre el agua. Pero la propuesta fue secuestrada por intereses especiales y los intentos de los demócratas por enmendar la medida fueron ignorados.

La fallida política sobre el agua, junto con el desvío del dinero de la Enmienda 1, arruina las esperanzas de los votantes de mantener en buena condición los recursos hídricos del estado. Tallahassee se equivocó.

Esta historia fue publicada originalmente el 31 de enero de 2016, 11:57 a. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Una política en la Florida que hace agua."

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