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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: La historia de éxito de Colombia

En su visita oficial a la Casa Blanca, el presidente colombiano Juan Manuel Santos celebró una hazaña de la que pocos países pueden jactarse: una transformación en la que el bandidaje, la violencia endémica y la guerra de guerrillas cedieron su lugar a la recuperación de la democracia y de la seguridad nacional.

La tarea en Colombia no ha terminado. Partes del país siguen en conflicto, los refugiados internos son un problema enorme y Colombia sigue siendo el mayor exportador de cocaína del mundo, como el presidente Santos reconoció la semana pasada. El acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC todavía no se ha sellado.

Pero aun así, no hay comparación entre la Colombia de hoy y la Colombia de principios de este siglo. El ex presidente Andrés Pastrana dijo que el país estaba a punto de convertirse en un estado fallido.

Y tiene razón. La insurgencia cobraba fuerza y extendía su poder sangriento desde el campo hasta las ciudades. Milicias derechistas de autodefensa agravaban el clima de violencia. El gobierno era débil, las fuerzas armadas estaban desmoralizadas y eran inefectivas. Las instituciones democráticas, como los tribunales y la policía, estaban plagadas de miedo y corrupción.

Hoy se ha producido un cambio radical. La democracia se consolida, la insurgencia está debilitada, los narcotraficantes ya no desafían la autoridad del gobierno. El cambio se ha atribuido al exitoso programa de ayuda norteamericana llamado Plan Colombia, un programa de ayuda económica y militar. El Plan Colombia es un ejemplo de política exterior estadounidense eficaz: cómo ayudar a un gobierno amigo a derrotar a una insurgencia marxista y recuperar el control del país.

En las décadas pasadas —la insurgencia comenzó hace medio siglo— el pueblo colombiano ha pasado pruebas como pocos países de la región. Sufrieron el terrorismo de Pablo Escobar y otros narcos asesinos, así como los ataques de por lo menos tres movimientos insurgentes. Han tenido presidentes débiles y gobiernos corruptos. Han visto las zonas seguras reducidas a unas pocas ciudades asediadas.

Pero los colombianos de buena voluntad triunfaron. Merecen un reconocimiento por su resistencia. Su compromiso con un futuro mejor para ellos y para sus hijos, aun en los peores momentos, es extraordinario.

Entre los héroes están jueces y miembros de las fuerzas de seguridad que no cedieron ante las amenazas de muerte. Valientes periodistas y editores, muchos de los cuales fueron asesinados, informaron la verdad sin miedo. Políticos honrados se negaron a ser comprados o intimidados.

El Plan Colombia proporcionó la ayuda que Colombia necesitaba, pero los colombianos fueron los arquitectos y los constructores de su triunfo. Su unidad fue decisiva. A pesar de las rivalidades políticas internas, la prioridad siempre fue derrotar al verdadero enemigo. Es una lección que otros países deberían aprender, y también es una lección para la diplomacia norteamericana.

La ayuda norteamericana debe darse a países que están dispuestos a ayudarse a sí mismos.

Y una medida de política exterior como el Plan Colombia merece el apoyo bipartidista en Washington.

En un mundo interconectado como el nuestro, alcanzar la paz en un país es bueno para Estados Unidos y para todos.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de febrero de 2016, 0:44 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: La historia de éxito de Colombia."

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