Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: La derrota de Jeb y el reto de Marco

Jeb Bush.
Jeb Bush. AP

Ahora que Jeb Bush ha salido de la competencia por la Casa Blanca, la presión de las primarias de la Florida, que se realizan el mes próximo, cae sobre el senador Marco Rubio. Este es su estado. Si no puede derrotar aquí a Donald Trump, su aspiración podría sufrir un golpe fatal.

Primero viene el Super Martes, el 1 de marzo. Es el día más ajetreado en el calendario de las primarias en Estados Unidos, con 12 estados, muchos de ellos del Sur, votando en la contienda republicana. Pero hay docenas de primarias y juntas después de esa fecha, y ninguna más importante que la de los dos estados más decisivos en la votación: la Florida y Ohio.

Ambas están programadas para el 15 de marzo, y ambas tienen a una figura local en la contienda: Rubio en la Florida, y el gobernador John Kasich en Ohio. Ambos deben ganar la votación de sus electores o perderán credibilidad política.


En cierto sentido, a los floridanos, especialmente a los republicanos en el condado Miami-Dade, nos privaron de un enfrentamiento entre dos políticos locales populares. A cualquiera le habría encantado presenciar la competencia entre el ex gobernador y su ex protegido. Nunca sabremos quién habría ganado.

Bush y los estrategas de su campaña cometieron un error. En vez de asegurar que el ex gobernador llegara a la Florida, un estado crucial donde su nombre es muy conocido, gastó demasiado dinero y capital político en estados de menor importancia electoral, donde sus expectativas no se cumplieron. Kasich, en cambio, no tuvo buenos resultados en Carolina del Sur, donde quedó a la zaga de Bush, pero no tenía grandes expectativas y puede seguir en el combate, esta vez en su estado, Ohio.

En retrospectiva, Bush llevaba una carga que resultó ser políticamente fatal. Los votantes quieren un cambio. Y es difícil representar el cambio cuando el apellido es Bush. También ignoró los ataques y los insultos de Trump por demasiado tiempo. En su emotivo discurso de despedida, dijo que se negó a complacer a los extremistas atacando a los inmigrantes o criticando Common Core. Perdió la contienda, pero mantiene intacta su integridad.


Ahora la pregunta es quién queda para captar a los votantes que no se sienten atraídos por las declaraciones controvertidas de Trump ni por el extremismo del senador Ted Cruz.

Rubio ha llevado a cabo una campaña astuta, en la que de todos modos no han faltado errores. El segundo lugar que consiguió en Carolina del Sur lo puede convertir en el favorito del establishment frente a Trump y a Cruz. Pero en su campaña ha afirmado que el presidente Obama ha debilitado deliberadamente al país, y ha tomado una posición tajante contra el aborto (“prácticamente nunca”). ¿Podrá convencer a los votantes de que él es la opción práctica, aun cuando trata de imitar las políticas extremistas de Cruz en la inmigración y en otros temas? ¿Cuánta importancia le darán los votantes de la Florida a la ausencia de Rubio de su trabajo en el Senado para dedicarse a la campaña presidencial?

En cuanto al ex gobernador Bush, está fuera de la contienda (aunque su nombre sigue en la boleta de la Florida), pero todavía puede desempeñar un papel apoyando a un candidato que comparta su postura de centroderecha y su enfoque práctico de la política.

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