EN NUESTRA OPINIÓN: Miami contra la violencia
El horror volvió a golpear en Miami, el sábado por la tarde, cuando unos desconocidos mataron a tiros a un niño en el noroeste de la ciudad.
King Carter solo tenía seis años de edad. Iba a comprar dulces en un negocio cerca de su edificio de apartamentos, en la calle 103 del NW y la avenida 12, cuando tres hombres se bajaron de un automóvil oscuro y abrieron fuego.
La policía se lanzó inmediatamente en busca de los asesinos, pero hasta el momento de escribir este editorial no había encontrado a los sospechosos.
“Estoy enojado. Nuestros agentes están enojados. La comunidad está furiosa”, dijo Juan Pérez, jefe de la policía del condado.
Alberto Carvalho, el superintendente de las Escuelas Públicas de Miami-Dade, que ha expresado varias veces su consternación por la muerte de niños y jóvenes en nuestra comunidad, se mostró conmovido e indignado por el asesinato del pequeño Carter. Expresó que “muchas personas tienen miedo de dar información a la policía”. Y unió la acción a la palabra, al pedir que si alguien tiene información, lo llame directamente a su celular, o le envíe un mensaje electrónico.
En efecto, como apuntó Carvalho, en los barrios marginales plagados por el crimen hay un código de silencio. La gente tiene miedo de decir lo que sabe, porque teme las represalias de las pandillas que controlan las zonas peligrosas como si fueran su feudo particular.
Pero en esas calles sin ley, las víctimas de la guerra perenne entre los pandilleros son personas inocentes, muchas veces menores de edad que juegan en un parque, o que pasan, incapaces de adivinar la tormenta que se avecina, por una calle que se convertirá en unos segundos en escenario de una batalla feroz.
El año pasado, hasta el mes de noviembre habían muerto 30 menores de edad en tiroteos en el condado Miami-Dade. Y el saldo de las matanzas sigue creciendo. Es tan doloroso como inaceptable.
El domingo pasado, en el mismo lugar donde un padre desesperado encontró a su hijo, King Carter, abatido por los disparos de los desconocidos, se reunieron unas cien personas, entre ellos funcionarios, policías y familiares del menor asesinado.
En esa reunión, Carvalho propuso un plan contra la violencia, el cual contempla penalidades más severas por usar armas cerca de escuelas, y romper el código del silencio.
En esa reunión, Carvalho propuso un plan contra la violencia, el cual contempla penalidades más severas por usar armas cerca de escuelas, y romper el código del silencio. Ambos puntos tienen mucho fundamento. Hay una epidemia de uso irresponsable de las armas de fuego en toda la nación, y Miami-Dade no escapa a esa plaga. Reforzar el cumplimiento de las medidas sobre la adquisición y el uso de armas de fuego, y evitar que caigan en las manos equivocadas, es –literalmente– un asunto de vida o muerte.
Y al mismo tiempo hay que buscar la forma de establecer una comunicación eficaz entre los vecinos y las agencias del orden para evitar los crímenes que sacuden a la comunidad y que destruyen familias. La gente calla por miedo, pero de alguna manera hay que vencer el temor y denunciar a los criminales. La policía necesita la ayuda de los residentes para detener a los asesinos, eliminar el ciclo de tanta violencia homicida e insensata, y salvar a los niños.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de febrero de 2016, 1:54 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Miami contra la violencia."