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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Cuba: represión y desaire en la visita de Obama

El gobernante de Cuba, Raúl Castro, y el presidente de Estados Unidos Barack Obama (fuera de cuadro) participan el lunes 21 de marzo de 2016, de una rueda de prensa tras una reunión sostenida en el Palacio de la Revolución en La Habana.
El gobernante de Cuba, Raúl Castro, y el presidente de Estados Unidos Barack Obama (fuera de cuadro) participan el lunes 21 de marzo de 2016, de una rueda de prensa tras una reunión sostenida en el Palacio de la Revolución en La Habana. EFE

El domingo, horas antes de que el presidente Barack Obama llegara a Cuba en una visita histórica, las autoridades cubanas arrestaron a más de 50 disidentes, entre ellos numerosas Damas de Blanco, mientras los activistas protestaban pacíficamente.

Cualquiera habría esperado que, a pocas horas de la llegada de Obama a La Habana, con la capital llena de periodistas extranjeros, el régimen cubano hubiera hecho una excepción y hubiera permitido que las Damas de Blanco y los demás disidentes llevaran a cabo su manifestación pacífica sin el hostigamiento de las turbas oficialistas y la represión de la policía.

Pero no fue así. Siguiendo un severo cronograma de atropellos, la policía volvió a violar los derechos humanos de los manifestantes y a llevarlos arrestados a la fuerza.

Y eso no fue suficiente. Como si estuviera inexplicablemente empeñado en empeorar su imagen, el régimen cubano le hizo un desaire al presidente Obama no bien llegó a La Habana. Al pie de la escalerilla del avión, en el aeropuerto, no estaba Raúl Castro, ni siquiera el vicepresidente Miguel Díaz-Canel, para recibir al mandatario norteamericano, que llegó acompañado de su familia.

Solo estaba presente una pequeña delegación gubernamental, encabezada por el canciller, Bruno Rodríguez.

No fue una ruptura del protocolo, pero muchos lo han visto como un desplante. Y las razones del desaire se pueden adivinar: Raúl Castro no quería mostrarse solícito frente al representante de la nación que hasta hace poco era considerada por el régimen cubano como “el enemigo”. Nada de demasiados gestos de cortesía que se puedan interpretar como una claudicación frente al “imperialismo”. El desaire llama más la atención cuando los líderes cubanos suelen recibir a los altos dignatarios extranjeros en el aeropuerto. En la visita reciente de Nicolás Maduro a Cuba, el vicepresidente Díaz-Canel lo estaba esperando a su llegada.

El de Obama fue un recibimiento frío bajo una llovizna incesante en un día sin sol.

Además, entre otras cosas, la visita del presidente Obama ha servido para revelar el profundo cinismo de los líderes cubanos y el entorno de irrealidad y obediencia inducida por el miedo en el que operan desde hace más de medio siglo.

Cuando un periodista de CNN le preguntó a Raúl Castro por qué el gobierno no libera a todos sus presos políticos, Castro le respondió: “Dame la lista ahora mismo para soltarlos. Cuando llegue la noche van a estar sueltos”.

Qué descaro.

En Cuba, Castro y la jerarquía nunca han tenido que responder preguntas sobre los fallos de la revolución ni su desprecio por los derechos humanos que caracteriza al Estado autoritario. Ni de la prensa controlada por el Estado ni de nadie más. Como revela la respuesta de Castro, no están preparados para responder a nada que no sean las preguntas suaves de una prensa servil.

A solo minutos después de la asombrosa respuesta, el ciberespacio estaba lleno de listas de presos políticos y detenidos en Cuba. Esta es una lista reciente, compilada por la Comisión Cubana de Derechos Humanos. Y esta es de la Fundación Nacional Cubano Americana.

Desde luego, Castro y sus secuaces conocen bien los nombres de sus víctimas. También conocen los nombres de los disidentes que fueron arrestados el domingo, apenas unas horas antes de que el presidente Obama llegara a La Habana.

No sabemos a quién Castro pensaba que le estaba tomando el pelo en su intercambio de preguntas y respuestas con Jim Acosta, de CNN, pero ni siquiera los cubanos en Cuba creen lo que oyen de boca de sus líderes. Solo esperan que llegue la hora en que dejen el poder.

Lo que los cubanos hallaron asombroso fue que el gobernante cubano se vio obligado a responder preguntas sobre el tema tabú de los presos políticos. Ese momento dramático tendrá un efecto saludable en el pueblo cubano, que ha sufrido décadas de represión.

Posiblemente eso es lo que tenía en mente el presidente Obama cuando dijo que un contacto mayor con el mundo sería bueno para Cuba y para su evolución política. Retar a Raúl Castro a responder preguntas difíciles quizá no formaba parte del plan original, pero es un resultado bienvenido.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de marzo de 2016, 9:39 a. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Cuba: represión y desaire en la visita de Obama."

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