Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Obama le dice la verdad al pueblo de Cuba

El presidente Barack Obama durante su histórico discurso en el Gran Teatro de La Habana, el 22 de marzo.
El presidente Barack Obama durante su histórico discurso en el Gran Teatro de La Habana, el 22 de marzo. AFP/Getty Images

El presidente Barack Obama le subió la parada al gobernante cubano Raúl Castro al pronunciar un discurso inspirador en el Gran Teatro de La Habana, este martes.

Cuando el Presidente empezó a hablar mencionando referencias artísticas y culturales, como Celia Cruz, Gloria Estefan y la música salsa, y hasta gastronómicas, como la ropa vieja, muchos temieron que su única alocución al pueblo cubano durante su visita se limitaría a lugares comunes y a intentos por congraciarse con la cúpula dirigente.

Pero no fue así. Inmediatamente el discurso de Obama cobró una fuerza que tuvo que sentarles muy mal a Castro y a sus ministros.


Obama destacó el dolor de los exiliados cubanos y de la separación familiar. En este punto le faltó señalar a las miles de víctimas que han muerto en el estrecho de la Florida, huyendo del despotismo castrista y tratando de alcanzar la libertad a 90 millas de las costas cubanas.

Pero dijo –en español– que “el futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano”. Luego apuntó que los descendientes de los revolucionarios y de los exiliados se tienen que reconciliar, y que el Congreso norteamericano debe levantar el embargo que se mantiene desde hace más de medio siglo, pero que esa medida por sí sola no servirá de mucho si no hay cambios en Cuba.


Quizá el trago más amargo para la nomenclatura cubana fue la defensa que hizo Obama de los valores democráticos. Con valerosa honestidad, admitió los problemas que afronta Estados Unidos, como el racismo que aún perdura en sectores de la sociedad. Pero indicó que la democracia ha permitido debatir ese y otros problemas, le ha otorgado una voz a la gente para que manifieste sus opiniones y para protestar, y ha dado lugar a cambios positivos. En 1959, dijo el Presidente, el año en que su padre llegó a Estados Unidos, y también el año en que triunfó la revolución cubana, el matrimonio entre una persona de la raza negra como su padre, y una persona de raza blanca como su madre, era ilegal en muchos estados de la Unión. Sin embargo, hoy –señaló Obama– un afroamericano es presidente de Estados Unidos, y una mujer, un socialista y dos cubanoamericanos se postularon a la presidencia de la nación.

Ninguna sociedad es perfecta. Pero la democracia abre una vía para que los distintos segmentos que integran la sociedad expongan sus opiniones, sus protestas, sus deseos y sus sueños, y esos distintos segmentos puedan debatir y llegar a un acuerdo. Esa es la vía que no existe en Cuba desde hace décadas, y la que buscan los cubanos que protestan en las calles, pese a la represión de la policía, o que se juegan la vida en una huida desesperada hacia tierras de libertad. Castro lo sabe muy bien, y tiene que haberle molestado mucho que Obama, al “extender una mano amiga al pueblo cubano”, como dijo en su discurso, haya subrayado una vez más el valor de la democracia frente a la opresión del totalitarismo.

El presidente Barack Obama da un discurso histórico en el Gran Teatro de La Habana, en donde aboga por la reconciliación de todos los cubanos y un futuro democrático para Cuba.

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