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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: En guardia tras el ataque en Bruselas

Soldados belgas patrullan el aeropuerto de Bruselas el miércoles, tras el atentado terrorista que dejó más de treinta muertos en la capital de Bélgica.
Soldados belgas patrullan el aeropuerto de Bruselas el miércoles, tras el atentado terrorista que dejó más de treinta muertos en la capital de Bélgica. AP

Una vez más el terrorismo deja una estela de sangre, muerte y dolor. En los atentados cometidos por terroristas del Estado Islámico el martes pasado en Bruselas, más de 30 personas murieron y decenas sufrieron heridas cuando los extremistas detonaron explosivos en el aeropuerto de la capital de Bélgica y en la estación del metro de Maalbeek, que está muy cerca de la sede de la Comisión Europea.

El Estado Islámico emitió un comunicado en el que amenazó con lanzar nuevos ataques y prometió que los países que integran la coalición que combate a los extremistas sufrirán “días oscuros”.

Como siempre, las víctimas de la brutalidad del grupo terrorista son personas inocentes, pasajeros de aerolíneas, usuarios del transporte subterráneo, gente inmersa en sus actividades cotidianas que de pronto vio su vida interrumpida o trastornada por la acción de unos individuos crueles y enloquecidos.

Mientras se llora a los muertos, se cura a los heridos y Bruselas trata de reponerse del golpe, hay una lección que se puede extraer del cobarde atentado.

Funcionarios europeos de seguridad temían desde hacía varias semanas que se produciría un atentado a gran escala del Estado Islámico. No siempre es posible prevenir un zarpazo del terrorismo, que opera en las sombras. Pero ante un aviso, una pista o el temor a que se lleve a cabo un ataque, hay que redoblar las tareas de espionaje, vigilancia y prevención para evitar el desenlace fatal. El ministro del interior de Bélgica, Jan Jambon, dijo que sabían que algo iba a pasar, pero que no esperaban nada de esa magnitud. Es al revés: siempre hay que esperar lo peor, y actuar en consecuencia.

Al mismo tiempo, no se debe caer en la discriminación o el odio contra un grupo étnico o religioso solo porque unos integrantes de ese grupo llevan a cabo acciones terroristas. La mayoría de los musulmanes repudia la violencia del Estado Islámico tanto como los que no lo son; de hecho, la mayor parte de las víctimas de la organización extremista son musulmanes, habitantes de países del Oriente Medio devastados por la violencia de los fanáticos. A la hora de combatir la amenaza terrorista que usa como bandera una interpretación retorcida del islam, hay que separar a los radicales de las personas pacíficas.

La tarea urgente es desmantelar de una vez al Estado Islámico. La coalición, en la que Estados Unidos participa activamente, lleva meses golpeando al grupo terrorista en sus madrigueras de Siria y otros puntos del Oriente Medio. Pero aún no lo ha privado de su capacidad de realizar atentados terroristas contra civiles, como el de Bruselas. Es vital trazar una estrategia más eficaz para combatir y derrotar definitivamente al Estado Islámico. Una estrategia que lo reduzca a un penoso capítulo en los libros de historia.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de marzo de 2016, 1:34 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: En guardia tras el ataque en Bruselas."

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