Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: ¿Obama logrará cerrar Guantánamo?

Fotografía de archivo de la valla de seguridad que rodea el centro de detención de máxima seguridad de Camp Delta, en la base naval estadounidense de Guantánamo (Cuba).
Fotografía de archivo de la valla de seguridad que rodea el centro de detención de máxima seguridad de Camp Delta, en la base naval estadounidense de Guantánamo (Cuba). EFE

En su segundo día en la Casa Blanca, en enero del 2009, el presidente Obama ordenó al Pentágono que examinara los archivos de los prisioneros en la base de Guantánamo, en Cuba, y después cerrara la prisión.

Debido a una serie de obstáculos en el Congreso, la mayor parte de republicanos, la prisión sigue abierta.

Actualmente hay 91 prisioneros, y lo más probable es que la base siga abierta cuando un nuevo presidente jure su cargo dentro de 10 meses. No es extraño, ya que el Congreso ha convertido a Guantánamo en una pelota política, pero sí hay algo asombroso:

En marzo del 2011, el presidente Obama ordenó que varias agencias revisaran los casos de todos los detenidos no acusados de ningún crimen pero cuya liberación aún no se había aprobado. Todos debían tener una audiencia antes de un año, en el marco de un proceso incipiente para reducir gradualmente la población penal liberando a prisioneros que ya no se podía dejar encerrados en la base.

Pero hoy, cinco años después, 40 prisioneros todavía no han tenido una audiencia.

Y esta es otra sorpresa sobre los prisioneros, que en un momento estuvieron entre los clasificados como los “peores de los peores”: de los 24 detenidos que han recibido audiencias, a 20 les han aprobado la liberación, dependiendo de que haya condiciones de seguridad apropiadas en el país que los acepte.

Es decir, al parecer no eran tan peligrosos.

Un ejemplo: Mustafa al Shamiri, que lleva 14 años detenido por el Ejército norteamericano, fue descrito como un entrenador de Al Qaida cuando llegó a Guantánamo, un hombre importante en la organización terrorista y por lo tanto un prisionero de gran valor, hasta que por fin le concedieron una audiencia ante la Junta de Revisión Periódica.

En la audiencia se determinó que la evaluación original del gobierno y las partes más condenatorias de su expediente eran un error. Se concluyó que era un combatiente de baja categoría, no un entrenador, y se aprobó su partida de Guantánamo, preferiblemente a un país árabe.

Con casos como el suyo, ¿es sorprendente que gran parte del mundo vea a Guantánamo como un símbolo de injusticia, como el corazón de un proceso legal disfuncional que contradice las ideas occidentales de un sistema de justicia superior?

Hoy, al Shamiri todavía está esperando que algún país lo acepte, y como él hay muchos otros.

Varios críticos de Guantánamo señalan que burócratas que no quieren cerrar la base son los culpables de que la orden del presidente Obama de conceder audiencias a los prisioneros no se haya cumplido.

La pregunta principal no es por qué, sino qué se puede hacer al respecto. A estas alturas, el Pentágono debe cumplir la promesa de que todo el mundo tenga una audiencia a más tardar el 20 de diciembre. Aun así, lo más probable es que el presidente Obama termine su mandato y que todavía queden en Guantánamo personas que estaban detenidas cuando asumió su cargo y que aún no hayan tenido su audiencia.

Abrir la base de Guantánamo fue una medida necesaria al librar un nuevo tipo de guerra. Más de 14 años después, se ha convertido en una mancha en el ideal de justicia de esta nación.

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de abril de 2016, 1:41 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: ¿Obama logrará cerrar Guantánamo?."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA