EN NUESTRA OPINIÓN: En honor a un héroe de la guerra contra las drogas
El congresista republicano de Miami Carlos Curbelo recordó esta semana un período oscuro de la historia local y de la sangrienta guerra del país contra las drogas para lograr que un agente de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), asesinado en un motel de la calle Flagler hace 34 años, en un tiroteo con narcotraficantes, reciba el homenaje nacional.
El representante Curbelo tomó la palabra el martes pasado en la Cámara como uno de varios patrocinadores de la Florida a favor de una propuesta para darle a la sede de la ATF en Washington el nombre de Edificio Federal Ariel Ríos. Una antigua sede de la ATF llevaba el nombre del agente especial Ríos, pero la agencia se trasladó a una nueva sede y no pasó el nombre. Hubo que iniciar el proceso desde cero.
Aplaudimos al representante Curbelo y a sus colegas en el Congreso, el representante por Indiana André Carson y los representantes por la Florida Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart y Corrine Brown, por corregir un penoso descuido que afecta a la familia del agente Ríos. La propuesta se aprobó por 401-0, y ahora pasa al Senado, que también debe darle una aprobación unánime.
“Me siento muy orgulloso de reconocer a este héroe norteamericano que tristemente murió mientras protegía a la gente de Miami, mi ciudad, del crimen y de las drogas”, dijo Curbelo.
El agente Ríos se ganó ese honor al hacer el sacrificio supremo. Fue una de las primeras víctimas en Estados Unidos –y en el Sur de la Florida– de la guerra declarada contra el crimen y las drogas.
En 1982, su muerte estremeció a Miami-Dade. El agente Ríos, que tenía 27 años y dos hijos, había venido a Miami procedente de Hartford, Connecticut, para trabajar como agente encubierto contra los narcotraficantes. Su trágica muerte ocurrió en el apogeo de una de las peores oleadas de crimen en Miami.
Dos años antes, unos 125,000 refugiados cubanos habían llegado a Estados Unidos en el éxodo del Mariel, y algunos, buscando una vía rápida hacia el Sueño Americano, se unieron a los “Vaqueros de la Cocaína” del Cartel de Medellín. Su negocio prosperaba en Miami. En todas partes se negociaban kilos de droga, incluso en estacionamientos del Dadeland Mall, y muchos negocios terminaban en actos de violencia. Los cadáveres se acumulaban en la morgue del condado Dade.
Indignados por el creciente tráfico de drogas, los miamenses buscaron la ayuda del gobierno federal. En enero de 1982, el presidente Ronald Reagan respondió creando un panel al nivel del gabinete, el Equipo Especial del Vicepresidente sobre el Sur de la Florida, dirigido por George H. W. Bush. El grupo combinaba agentes de la Agencia de Lucha Contra las Drogas (DEA), Aduanas, la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), la ATF y el Servicio de la Renta Interna (IRS) en la batalla contra los traficantes.
Once meses después, un jueves por la tarde, el agente Ríos llegó con su compañero al motel Hurricane, en el 4911 de la calle W. Flagler, para comprar un kilo de cocaína. Algo salió mal en el trato, y se produjo un tiroteo en la pequeña habitación.
Cuando los agentes de refuerzo irrumpieron en el cuarto, encontraron a su colega herido de muerte de un disparo en la cabeza que le entró por un ojo.
Los hombres acusados del asesinato del agente Ríos recibieron sentencias hasta de 50 años de cárcel. El agente fue sepultado en Puerto Rico.
Lamentablemente, el agente Ríos murió en la guerra contra las drogas que en muchos sentidos hemos perdido. La cantidad de muertos ha sido pavorosa. Gracias a la delegación de la Florida por recordar este triste capítulo de nuestra historia y por solicitar que se restaure el nombre del agente Ríos en un edificio federal, donde debe estar.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de mayo de 2016, 5:34 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: En honor a un héroe de la guerra contra las drogas."