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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Una mayor supervisión a la cirugía estética

Heather Meadows, una joven madre de 29 años que vivía en Virginia Occidental, vino a Miami con la ilusión de mejorar su atractivo físico mediante la cirugía.

La atrajeron los anuncios de las clínicas de cirugía estética que ofrecen, por un precio relativamente económico, otorgar a sus clientes los atributos de Kim Kardashian.

Pero en vez de eso, Meadows encontró un destino trágico.

La operación de transferencia de grasa de su torso a sus glúteos salió mal. Tras el fallido procedimiento realizado en la clínica Encore Plastic Surgery, en Hialeah, el 10 de mayo, la joven paciente fue enviada de emergencia al hospital. Murió por las complicaciones de la operación dos días más tarde, dejando huérfanos a sus dos hijos pequeños.

Según los registros del estado de la Florida, no es la primera vez que la clínica Encore tiene problemas: ha habido por lo menos dos muertes y muchas pacientes han tenido que acudir de urgencia a hospitales con diversos padecimientos, como infecciones y lesiones.

El problema, según el artículo Advierten sobre peligros de cirugías cosméticas en clínicas privadas, de Daniel Chang, publicado en el Nuevo Herald el 22 de mayo, es que Encore –registrada en el estado como centro quirúrgico privado– no es propiedad total de un médico, y por lo tanto la Junta de Medicina de la Florida no puede limitar las operaciones o cerrar el centro después de la muerte de un paciente.

Las leyes estatales tampoco exigen que clínicas como Encore sean supervisadas por la Agencia de Administración de Servicios de Salud (AHCA), un departamento que vigila el cumplimiento de las normas de sanidad del estado y que supervisa las licencias de hospitales, asilos y otras instalaciones médicas.

De todos modos, el Departamento de Salud de la Florida ha acusado a médicos que trabajan en Encore y en otras dos clínicas de Miami, Vanity Cosmetic Surgery y Spectrum Aesthetics, de negligencia médica y de emplear a profesionales sin licencia.

Y la policía y autoridades federales han acusado de diversos cargos, incluidos intento de homicidio, secuestro y fraude con medicamentos a médicos afiliados con las clínicas.

Sin embargo, las clínicas siguen funcionando.

Evidentemente, ha habido una ausencia de una estricta supervisión estatal a los centros quirúrgicos privados, como señaló recientemente la senadora estatal Eleanor Sobel, demócrata por Broward.

Y aunque hay acusaciones en curso, hasta ahora las autoridades han descuidado la supervisión de las clínicas privadas y han permitido que esos centros funcionen prácticamente sin ninguna supervisión estatal.

Las autoridades no deben esperar a que suceda una tragedia como la de Heather Meadows, la joven madre de Virginia Occidental, para intervenir. Esta vez, ni siquiera han intervenido con la energía que el penoso caso requiere.

Eso es sencillamente inadmisible.

El gobierno estatal debe elaborar e imponer normas estrictas de supervisión de los centros privados de cirugía estética. Una operación para mejorar la apariencia física no debe convertirse en una trampa mortal.

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de mayo de 2016, 3:51 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Una mayor supervisión a la cirugía estética."

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