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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Las armas y la matanza en Orlando

Johnathan Dalton llora la muerte de sus amigos en la matanza de Pulse, en Orlando.
Johnathan Dalton llora la muerte de sus amigos en la matanza de Pulse, en Orlando. AP

Poco a poco van apareciendo más detalles de la horrible matanza cometida el domingo en un club gay de Orlando por un individuo radicalizado y evidentemente trastornado.

Omar Mateen, el hombre que mató a 49 personas en el club Pulse y cayó abatido en un encuentro con la policía, nació en Nueva York de padres afganos. La familia se trasladó a la Florida en el 2007.

Mateen tenía un historial de violencia. Cuando era estudiante, le pegó un puñetazo a un profesor, pero no fue expulsado del centro. Su ex novia, nacida en Uzbekistán, contó que la golpeaba con frecuencia. Amigos y conocidos lo describen como un individuo racista, que con frecuencia se refería de manera peyorativa a personas de la raza negra y a homosexuales.

El FBI lo investigó por lo menos un par de veces. Hace dos años, la agencia examinó sus vínculos con un hombre de Fort Pierce que se inmoló en un ataque terrorista en Siria, pero concluyó que Mateen no era una amenaza. Craso error.

También es un error que un individuo con esos antecedentes, una persona violenta y desquiciada que simpatizaba con el Estado Islámico, haya tenido un acceso tan fácil a armas de fuego de alto calibre.

Mateen no estaba en una lista de sospechosos de terrorismo, pero aunque hubiera estado, quizá no le habría sido difícil comprar un fusil. Sobre todo después que a fines del 2015, la mayoría republicana del Congreso nacional no aprobó una medida que hubiera impuesto controles más rigurosos a la adquisición de armas por individuos en listas de sospechosos. Los congresistas que se opusieron a la medida alegaron que deseaban proteger el derecho de tener armas de las personas colocadas por error en esas listas. Ya vemos cuáles pueden ser los resultados.

La Segunda Enmienda de la Constitución establece el derecho de los ciudadanos a tener armas, pero eso no excluye la posibilidad de controlar a quién se les vende. Las armas son un negocio, pero bajo ninguna circunstancia se le debería vender una a un individuo con el historial de Mateen. Sin embargo, adquirir un fusil de guerra como el AR-15 que Mateen utilizó en la espantosa masacre es fácil.

En la Florida, según el sitio web de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), no hace falta una licencia para comprar un fusil, una escopeta o una pistola. Basta con llenar un formulario de identificación, y pagar $8 por una revisión de los antecedentes. Los criminales convictos, las personas que cometen violencia doméstica y los que están considerados una amenaza para ellos mismos o para otras personas probablemente no pasen la revisión.

Mateen había cometido actos de violencia doméstica y muchos pensaban que era un individuo violento y peligroso. Pero como nunca fue convicto, pasó la revisión y adquirió el arma con la que cometió la matanza.

Evidentemente, algo está fallando al examinar a los compradores de armas.

La espantosa masacre de Orlando nos ha revelado que el terrorismo no es un mal lejano, sino una amenaza que puede golpear en nuestros barrios. Nos ha reafirmado la noción del Estado Islámico como un ejército de fanáticos criminales al que hay que erradicar lo antes posible. Pero también nos ha indicado que estamos cometiendo errores y descuidos a la hora de protegernos de personas de potencial peligroso que conviven entre nosotros como un ciudadano más, pero que de repente pueden convertirse en asesinos enloquecidos. El derecho de tener armas no se debe ni se puede conceder a esos sociópatas.

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de junio de 2016, 6:16 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Las armas y la matanza en Orlando."

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