EN NUESTRA OPINIÓN: Hillary Clinton y el informe de Bengasi
El esperado informe de los republicanos de la Cámara de Representantes sobre Bengasi divulgado el martes pasado encontró una serie de fallas de la burocracia nacional de la seguridad. Pero también exoneró a la ex secretaria de Estado Hillary Clinton de la absurda acusación de que sabía que iba a ocurrir un ataque contra la sede diplomática en Libia y no hizo nada.
La comisión encargada del informe no encontró pruebas que apoyaran las teorías conspirativas sobre Hillary Clinton y el suceso de Bengasi. Si hubiera habido pruebas concretas, sin duda que esta comisión las habría hallado.
El minucioso documento de 800 páginas elaborado por la comisión situó la culpa lejos del Departamento de Estado dirigido por Hillary. Criticó acciones del Pentágono, el FBI y las agencias de inteligencia.
Pero eso ya lo sabíamos, después de las ocho investigaciones que precedieron a esta pesquisa. El informe —un producto de la investigación congresual más larga sobre posibles actos ilícitos en la rama ejecutiva, más larga que la de Watergate o la del 9/11— fue más profunda que las anteriores, pero el resultado general en realidad ya se sabía.
La conclusión principal es que los funcionarios de Washington, ante el hecho de que algo terrible estaba pasando en Bengasi, titubearon en vez de reaccionar de inmediato, con lo cual podrían haber salvado vidas. Esa indecisión produjo un desastre político que mancha a todo el que tuvo alguna relación con la tragedia.
Es escandaloso, y nunca debió haber ocurrido. Pero la falla de Washington se hizo evidente en las semanas que siguieron al ataque en el 2012 en el que murieron el embajador norteamericano Chris Stevens y tres colegas, también norteamericanos: Sean Smith, Glen Doherty y Tyrone Woods. No hacía falta otra investigación para decirle al público de Estados Unidos lo que ya se había dicho.
Por cierto, también es evidente —aunque los republicanos del Congreso no hayan querido admitirlo— es que los legisladores no asignaron los fondos para la seguridad en las sedes diplomáticas norteamericanas que el Departamento de Estado había pedido. Ese fue un elemento crítico de la debacle de Bengasi, y hay que culpar al Congreso.
En general, el informe no ofreció revelaciones asombrosas. Pero quizá esa no era la intención. La larga investigación prolongó la controversia con la esperanza de hallar algo que produjera titulares embarazosos para Hillary antes de su esperada nominación como candidata presidencial por el Partido Demócrata.
En ese sentido, hay que reconocer que la comisión llamó la atención sobre un escándalo político que todavía está en curso, el problema de los correos electrónicos de Hillary. De todas formas, esa controversia probablemente no afectará el resultado de la elección presidencial.
¿Hay alguna lección para el futuro? Solamente lo que ya hemos escuchado: el Congreso nunca debe usar su poder investigativo para fines políticos. Esos fines desacreditan la investigación y al propio Congreso.
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de junio de 2016, 1:42 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Hillary Clinton y el informe de Bengasi."