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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: En el día de la independencia

Fuegos artificiales en el Hotel Biltmore de Coral Gables. Pedro Portal/El Nuevo Herald
Fuegos artificiales en el Hotel Biltmore de Coral Gables. Pedro Portal/El Nuevo Herald

El pueblo norteamericano festeja hoy otro día de gloria. Hace 240 años, el Segundo Congreso Continental debatió y revisó el texto de la Declaración de Independencia, y finalmente la aprobó, para separar efectivamente a la joven nación estadounidense de la metrópoli británica.

La separación jurídica de las Trece Colonias había ocurrido dos días antes, el 2 de julio de 1776, que fue el día en que el Congreso Continental votó a favor de una resolución de independencia propuesta en junio.

John Adams, uno de los firmantes de la Declaración, y que más tarde fue presidente de Estados Unidos, dijo en aquel momento a su esposa, Abigail, que el segundo día de julio de 1776 sería el momento más memorable en la historia nacional. Se equivocó por dos días, porque el pueblo norteamericano, para celebrar su nueva identidad de país libre, eligió el 4 de julio, la fecha en que se aprobó y se firmó la Declaración de Independencia.

En aquel momento, los ciudadanos de la nación que hacía su entrada en la historia difícilmente hubieran imaginado que medio siglo más tarde el país formado por las trece colonias británicas en la costa atlántica se extendería a través del continente hasta las orillas del Pacífico. Tampoco habrían previsto que siglo y medio después, Estados Unidos se convertiría en una potencia mundial.

A lo largo de su evolución, la nación ha enfrentado numerosos escollos y ha salido adelante. Ha superado males como la discriminación de la mujer, que antiguamente por ley era considerada propiedad de sus esposos o padres. Tras una larga batalla, la Enmienda 19, ratificada en 1920, otorgó a las mujeres el derecho al voto. Pero no hay que dormirse en los laureles: aun hoy, los casos de desigualdad salarial con respecto a los hombres indican que todavía queda por hacer para alcanzar la plena igualdad entre los géneros.

La esclavitud fue otra mancha en la historia de la nación y una contradicción con los principios establecidos en la Declaración de Independencia. Tuvo que librarse una guerra civil, a mediados del siglo XIX, para erradicar esa lacra heredada de los tiempos coloniales. Y después fue necesario combatir la plaga del racismo y la segregación, desterrada oficialmente por fin casi dos siglos después que los padres fundadores firmaran la carta constitutiva de la nación.

En la historia estadounidense, sobre las posiciones retrógradas de racistas y discriminadores, y sobre el egoísmo de los ambiciosos, siempre se alzó el espíritu refulgente de la libertad y la justicia, y brilló el ejemplo de las incontables personas que con civismo y solidaridad supieron defender a su prójimo. La tarea no fue fácil, pero 240 años después, los norteamericanos celebramos con júbilo el nacimiento de la nación y el mantenimiento de un sistema ininterrumpido de democracia y libertad individual y nacional, en el que año tras año la voluntad del pueblo se ha escuchado desde la sala de gobierno de la comunidad más pequeña hasta las sedes del poder federal en Washington.

Esos valores de independencia, justicia y democracia son los que celebramos hoy con todo derecho y con la esperanza de seguir construyendo una nación aún más próspera, más libre y más justa. El Cuatro de Julio sigue marcando el camino.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de julio de 2016, 3:49 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: En el día de la independencia."

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