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Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Hillary ante la opinión pública

Foto de archivo de 18 de octubre de 2011. La entonces secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton revisa su Blackberry desde un escritorio dentro de un avión militar C-17 a partir de su salida de Malta, en el mar Mediterráneo, con destino a Trípoli, Libia.
Foto de archivo de 18 de octubre de 2011. La entonces secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton revisa su Blackberry desde un escritorio dentro de un avión militar C-17 a partir de su salida de Malta, en el mar Mediterráneo, con destino a Trípoli, Libia. AP

El FBI exoneró a Hillary Clinton en la controversia de los correos electrónicos, y despejó un gran obstáculo legal para su campaña presidencial. Pero la ex secretaria de Estado no sale con la mejor nota de este incidente. La conclusión de que ella y sus ayudantes fueron “sumamente descuidados” en el manejo de información clasificada equivale a una dura y merecida desaprobación de sus métodos de comunicación electrónica cuando dirigía el Departamento de Estado.

Una acusación habría sugerido la intención de enviar o recibir información clasificada en un servidor no gubernamental. Eso siempre fue dudoso. Pero si su conducta no fue delictiva, tampoco fue aceptable.

La candidata y su campaña han reiterado que el escándalo de los correos electrónicos fue cocinado por opositores políticos con el propósito de hacerla quedar mal y desviar la atención del público de problemas más apremiantes. Dijeron que fue una exageración. Una cacería de brujas dirigida por medios informativos hostiles.

El FBI difiere. Una declaración leída ante las cámaras de televisión por el director del FBI, James B. Comey, no solo desbarató la noción de que todo se hizo según las reglas, sino que además destruyó la historia que la campaña de Clinton había tejido tan cuidadosamente para explicar sus acciones.

Clinton dijo que usó un servidor personal por la comodidad de usar una sola computadora para todos los mensajes. Pero el FBI encontró que la candidata usó varios equipos durante ese tiempo. Envió y recibió mensajes clasificados, que pudieron haber sido interceptados por hackers hostiles, contra lo que afirmó la campaña de Clinton. Algunos correos electrónicos que no se entregaron a los investigadores con la excusa de que eran personales, contenían información relacionada con su trabajo.

Las consecuencias políticas afectarán la campaña de Clinton.

Una acusación habría sido peor, pero esto no logra borrar las dudas en torno a Hillary (y al ex presidente Bill Clinton) sobre la confianza que merecen y la opinión de que ninguno de los dos se siente atado a las reglas. Hillary no debió haber usado el servidor personal, del mismo modo que el ex presidente no debió haberse reunido en privado con la secretaria de Justicia, Loretta Lynch, en el avión de la funcionaria la semana pasada, cuando su esposa era investigada por el FBI.

La reunión, al igual que el uso de un servidor privado por Hillary cuando era secretaria de Estado, se ve mal, y la percepción moldea la opinión pública. Los Clinton parecen tener una inclinación, cuando las cosas van bien, a salirse del camino para crear una controversia innecesaria.

Sus oponentes aprovechan estas fallas para magnificar su importancia y atribuir motivos oscuros a cualquier cosa que los Clinton hagan, pero esa es la naturaleza de la política. Si Bill y Hillary Clinton dan municiones a sus opositores, estos las van a usar contra ellos.

Su conducta ofrece un marcado contraste con la del gobierno de Obama, en el que no ha habido escándalos grandes como el de Monica Lewinsky ni falsedades elaboradas para justificar guerras en ultramar. En ese sentido, el historial del presidente Obama es envidiable.

Si Hillary quiere ayudarse, puede empezar aceptando que su aparente indiferencia a las reglas convencionales aumenta el escepticismo del público sobre su carácter. En más de seis meses no ha ofrecido una conferencia de prensa, lo que incrementa las sospechas de una falta de transparencia si llega a la Casa Blanca.

Esta semana, Hillary ganó una gran batalla legal, pero está perdiendo en el tribunal de la opinión pública.

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de julio de 2016, 5:34 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: Hillary ante la opinión pública."

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