Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: Un crimen sin resolver en Argentina

El fiscal argentino Alberto Nisman, el 29 de mayo de 2013, en Buenos Aires. Nisma fue hallado muerto el lunes 19 de enero de 2015 en la madrugada y un reporte preliminar de autopsia apunta a que fue un suicidio.
El fiscal argentino Alberto Nisman, el 29 de mayo de 2013, en Buenos Aires. Nisma fue hallado muerto el lunes 19 de enero de 2015 en la madrugada y un reporte preliminar de autopsia apunta a que fue un suicidio. AP

Al fiscal Alberto Nisman lo enterraron la semana pasada en Buenos Aires, pero a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner quizá no le será fácil enterrar la evidencia que Nisman recopiló sobre la complicidad del gobierno en el acto terrorista que investigaba.

La misteriosa muerte de Nisman es el centro de un escándalo que ha sacudido al país. La respuesta de la presidenta ha sido más bien errática.

Primero dijo que era un suicidio, luego un homicidio, después habló de oscuras teorías que ponían la culpa en el Congreso de Argentina y declaró que todo era un complot contra su gobierno. Por último, trató de sacarle provecho político a la muerte, diciendo que le dio motivo para desmantelar los servicios de inteligencia independientes de Argentina.

Pero aparte de las contradicciones de la mandataria, este caso no es sobre ella, ni sobre una muerte misteriosa, sino sobre el atentado en 1994 contra un centro comunitario judío que dejó un saldo de 85 muertos y muchos heridos.

El atentado con un coche bomba fue el peor acto terrorista en el Hemisferio Occidental hasta el 9/11.

El escándalo real es que un crimen de esta magnitud no se haya resuelto, y que el hombre que se impuso la misión de esclarecerlo ahora esté muerto. Que las víctimas fueran judías en el país latinoamericano con la mayor comunidad judía agrava el espantoso crimen.

Nisman, nombrado principal investigador del caso hace 10 años, fue hallado muerto en su baño una semana después de acusar a Cristina Fernández y a altos funcionarios de haber conspirado con Irán para encubrir la responsabilidad del atentado.

Nisman afirmaba que Irán estaba en el centro del complot para realizar el atentado, usando al grupo terrorista Hezbolá.

El caso tomó otro giro extraño después de la muerte de Nisman, cuando un juez divulgó transcripciones de conversaciones interceptadas entre el gobierno iraní y el argentino, que formaban parte de una acusación de 289 páginas escrita por Nisman. Las conversaciones apuntan a negociaciones secretas que se remontan al 2011 para descarrillar la investigación y mejorar las relaciones comerciales entre Irán y Argentina.

En el 2005, el cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy el Papa Francisco, se convirtió en la primera figura prominente en Argentina en firmar una petición pública exigiendo respuestas al acto terrorista. Esperamos que, como la mayoría en Argentina, su indignación sobre la ausencia de justicia para las víctimas del atentado en 1994 sea mayor que nunca.

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