EN NUESTRA OPINIÓN: La victoria de Hillary en Filadelfia
Hillary Clinton aceptó el jueves la nominación por el Partido Demócrata a la presidencia, en la convención realizada en Filadelfia.
Elocuentes oradores hablaron a su favor, empezando por la Primera Dama, Michelle Obama, y terminando con Chelsea Clinton, la hija de la candidata. Los eventos fueron vistosos y alegres, en agudo contraste con la percepción sombría de la realidad que caracterizó a la convención republicana en Cleveland.
Los oradores destacaron el aspecto personal de la candidata, llenaron muchos vacíos, pulieron su imagen y borraron la caricatura creada por sus opositores, como una mujer no confiable y no apta para la más alta magistratura.
A lo largo de su carrera profesional, Hillary ha sido descrita muchas veces con una imagen desfavorable. Esta semana, figuras importantes salieron en su defensa, entre ellas Michelle Obama, Cory Booker, Elizabeth Warren, Bill Clinton, por supuesto, y nada más y nada menos que Michael Bloomberg. Después le tocó el turno al presidente Obama, que le dio un apoyo firme y sincero.
Pero el jueves por la noche, después que su hija, Chelsea, la presentó, fue la nominada quien se definió a sí misma: unificadora, optimista, sin miedo y un agente de cambio: “Nadie avanza solo por la vida. Tenemos que cuidarnos los unos a los otros y levantarnos mutuamente”. Pero, “para lograr un cambio real, hay que cambiar los corazones y las leyes”.
Exhibió sus logros en su lucha por los niños discapacitados y por los familiares de las víctimas del 9/11.
Desde luego, no sería una convención demócrata sin protestas y controversia, aunque los republicanos tampoco se mostraron inmunes a ambas la semana pasada en Cleveland. Las revelaciones en Wikileaks de que el Comité Nacional Demócrata favoreció a Hillary y perjudicó las probabilidades de triunfo de Bernie Sanders dieron pie a fuertes protestas durante la convención en Filadelfia.
El escándalo le costó el puesto de presidenta del Comité Nacional Demócrata a Debbie Wasserman Schultz, junto con su credibilidad.
Los partidarios de Sanders protestaron enérgicamente, pero después regresaron a la convención. Y Sanders hizo lo debido y dio su apoyo a Hillary.
A diferencia de la convención republicana, los participantes de la convención en Filadelfia formaban lo que el ex alcalde de Nueva York David Dinkins llamó una vez a su ciudad: un “bello mosaico” que refleja no solo la diversidad de la nación, sino también su realidad en el 2016. Y esa diversidad va a aumentar en las próximas décadas.
Entre los oradores estaban una mujer con discapacidad física, una mujer transgénero y otros norteamericanos a menudo marginados.
Era refrescante ver la inclusión. Pero hay que reconocer que Donald Trump ha sabido explotar la legítima sensación de marginalidad que sienten norteamericanos blancos de clase trabajadora, de bajos ingresos y desempleados. Ese es un grupo que lo sigue, y en el que Hillary debe ganar simpatizantes, sin la retórica del odio y la división, por supuesto. También debe ganarse a los partidarios de Sanders, a los republicanos desafectos y a los independientes que todavía no saben por quién votar. A todos los invitó con entusiasmo el jueves por la noche a sumarse a su campaña.
Hillary ha luchado con energía y se ha abierto paso hasta llegar a ser la primera mujer nominada a la presidencia por un partido político importante en este país. El jueves triunfó. Ahora viene una batalla más dura.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de julio de 2016, 6:54 p. m. with the headline "EN NUESTRA OPINIÓN: La victoria de Hillary en Filadelfia."