Editorial

EN NUESTRA OPINIÓN: La reaparición de Fidel Castro

Fotografía del 23 de enero de 2015 cedida por Cubadebate donde se ve al ex gobernante de Cuba Fidel Castro (d) durante una reunión con el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria de La Habana (FUE), Randy Perdomo (i), en La Habana (Cuba). EFE/Estudios Revolución
Fotografía del 23 de enero de 2015 cedida por Cubadebate donde se ve al ex gobernante de Cuba Fidel Castro (d) durante una reunión con el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria de La Habana (FUE), Randy Perdomo (i), en La Habana (Cuba). EFE/Estudios Revolución EFE

Después de semanas de conjeturas sobre el estado de salud o la muerte del ex gobernante Fidel Castro, el tirano reapareció cuando menos se le esperaba.

El diario cubano Granma publicó el lunes pasado un artículo con una serie de fotos en las que el envejecido dictador se encuentra en su casa, conversando con Randy Perdomo García, dirigente de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU). El artículo, firmado por Randy Perdomo, se titula Fidel es un fuera de serie.

Según la nota de Granma, la reunión de Castro y Perdomo tuvo lugar el 23 de enero pasado. Evidentemente, el propósito de la publicación del artículo y de las fotografías fue desmentir los extendidos rumores sobre la muerte o el deterioro físico de Castro. Pero el burdo intento, a pesar de los denodados esfuerzos del autor del artículo, no consigue demostrar que el dictador goce de la excelente salud que sus admiradores le desean atribuir.

En la nota del periódico oficialista cubano, el dirigente universitario afirma al hablar sobre el momento en que termina la entrevista: “Me llevo con intensidad el Fidel lleno de vida que conversó conmigo animada e inteligentemente”. Pero en las fotos, lo que se percibe es más bien a un Castro avejentado y endeble, muy lejos de estar lleno de vida, y en ocasiones al parecer con la mirada extraviada.

El largo artículo es una apología exagerada de Castro y una afirmación –sin más pruebas que las palabras del autor– de que el dictador conserva sus facultades mentales y su curiosidad intelectual. Tanta devoción podría resultar hasta conmovedora en otros casos, pero no cuando está dirigida al tirano que enlutó y devastó a un país entero, y que impuso un sistema de gobierno disparatado mediante el terror, la cárcel, la muerte y la represión constante.

Lo que resulta inconcebible es que a estas alturas, cuando el fracaso de la revolución de Castro es desde hace tiempo un hecho verificado, algunos mantengan vigente el culto a la personalidad del tirano que arruinó a Cuba. Para atajar los rumores y demostrar que el dictador sigue vivo, no hacía falta un artículo cargado de tantas lisonjas. Como dijo el filósofo británico Francis Bacon, “la bajeza más vergonzosa es la adulación”.

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