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Editorial

Sentir miedo cuesta caro en el Aeropuerto de Miami

Muchos venezolanos que dijeron a los funcionarios de inmigración en el Aeropuerto de Miami que sentían miedo en su país fueron enviados a centros de detención de inmigrantes en la Florida.
Muchos venezolanos que dijeron a los funcionarios de inmigración en el Aeropuerto de Miami que sentían miedo en su país fueron enviados a centros de detención de inmigrantes en la Florida. adiaz@miamiherald.com

La intensidad de los interrogatorios en los pasos fronterizos de Estados Unidos suele causar ansiedad entre viajeros extranjeros. Los agentes de inmigración, presionados por los problemas globales de seguridad y el récord de desplazados, a menudo hacen de la rudeza su carta de presentación. Pero la legalidad y la honestidad son suficientes para arrancarles un sobrio “Welcome” y un anhelado sello en el pasaporte.

No es así en casos de algunos pasajeros venezolanos cuestionados por los funcionarios de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) en el Aeropuerto Internacional de Miami sobre sus miedos de vida en el suelo natal. Ser sinceros y abiertos sobre un sentimiento tan habitual en Venezuela, emanado de la delincuencia callejera y la violenta represión del gobierno, está siendo penalizado con detenciones arbitrarias en centros de reclusión para inmigrantes y exorbitantes costos para luego salir en libertad.

Con un lenguaje seco y sin concesiones, los agentes presionan pertinazmente con la interrogante del miedo, revelan testimonios recogidos por el reportero Antonio María Delgado. La táctica es probablemente utilizada para identificar a viajeros que contemplan pedir asilo político, un trámite difícil de llevar a fruición desde detrás de las rejas, en momentos en que la cifra de estas solicitudes se multiplica con creces.

El ahogo de las libertades ciudadanas, la escasez de insumos básicos, la hiperinflación, las privaciones y los más elevados índices de criminalidad del planeta han desatado un éxodo masivo de venezolanos hacia el extranjero, siendo la Florida el destino predilecto por su cercanía geográfica y la comunidad de coterráneos. Ante esta avalancha humana, sin menoscabo del país de procedencia, es natural que las autoridades aduaneras estén obligadas a controlar la entrada y salida de extranjeros, así como a declarar la no admisión de quienes no satisfagan los requerimientos de la ley.

Sin embargo, algunos de los detenidos venezolanos, cuyos documentos estaban en regla, venían de vacaciones, a gestiones de negocios o en busca de asesoría. Recluirlos en la cárcel solo por temer por su integridad física es una medida un tanto descorazonada y extrema en estas tierras de comprensión y acogida, a sabiendas del desastre que se cierne sobre los venezolanos en su territorio nacional, donde cada día son más los perseguidos, desgajados de su tierra, vejados, amenazados y súbitamente despojados de sus sueños y su historia.

Trágico escenario este el cual apunta a la necesidad de una respuesta legislativa urgente que busque el alivio y estatus legal migratorio a venezolanos en situación irregular en Estados Unidos. La llamada Ley de Ajuste de Estatus Venezolano en EEUU, respaldada por congresistas locales de ambos partidos y organizaciones comunitarias del exilio venezolano, comparte algunos atributos con la Ley de Ajuste Cubano, la Ley Nacara y el estatus de protección temporal o TPS, si bien no abre las puertas al asilo automático.

Abundan las pruebas del ejercicio autocrático imperante en el gobierno corrupto de Nicolás Maduro, y organismos multilaterales alertan sobre el evidente giro del régimen a una dictadura completa, donde cualquier atisbo de libertad y regeneración ya es imposible. Lo ilustra el cronograma tentativo sobre el referendo revocatorio presentado el martes por el Consejo Nacional Electoral, una maniobra para dejar en manos del chavismo las riendas del poder incluso si el mandatario es destituido.

Temer a ese peligro, o a cualquier otro, es un instinto natural del ser humano, elemento clave en la supervivencia desde los albores de los tiempos. Querer proteger al que teme también es una inclinación espontánea. En cambio, penalizar a aquel que confiesa, desde el fondo del corazón, tener miedo –y cobrarle por ello– es contrario a ese espíritu de humanidad universal que nunca ha de perderse.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de agosto de 2016, 6:27 p. m. with the headline "Sentir miedo cuesta caro en el Aeropuerto de Miami."

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