Entre la vida, la muerte y la codicia: el escandaloso precio del EpiPen
El escandaloso aumento del costo del EpiPen, el salvador dispositivo autoinyector para víctimas de una reacción severa a los cacahuetes o maníes, a las picaduras de abeja y a otras alergias, es muy grave. El precio se disparó de unos $100 en el 2009 por un juego de dos unidades a $600 o más ahora.
No hay razones comprensibles para este asombroso aumento. No es un descubrimiento reciente, ya que el EpiPen está en el mercado desde 1977. Fabricarlo no es muy costoso: el medicamento cuesta menos de $2, y los inyectores son dispositivos sencillos, que cuestan menos de $50.
Pero lo que tiene el EpiPen es su exclusividad. Cuando la compañía farmacéutica Mylan compró a la empresa fabricante hace nueve años, el EpiPen se vendía a menos de $60. El precio ha aumentado constantemente desde entonces.
El EpiPen constituyó el 87 por ciento de todas las recetas de epinefrina —el ingrediente activo— que las farmacias entregaron el año pasado. Su principal competidor —un producto conocido como Auvi-Q— fue retirado por su fabricante. Ahora EpiPen se ha adueñado del mercado, justo cuando las escuelas acaban de iniciar el nuevo curso y los padres de los niños que necesitan el producto corren a comprarlo.
El monopolio de la compañía no justifica el enorme incremento del precio. En todo caso, tener el acceso exclusivo a un medicamento salvador debería imponer una responsabilidad especial para garantizar que está disponible a un precio razonable para todos los que lo necesiten.
La compañía dice que ha entregado unos 700,000 EpiPens a las escuelas desde el 2013 y que da cupones para cubrir el costo de los copagos a la mayoría de los consumidores con seguro comercial. También culpa a los problemas causados por planes con altos deducibles que ponen su producto fuera del alcance de muchas familias. Pero nada de eso explica el enorme aumento en el precio al consumidor.
El incremento del precio se ha producido a la par de un gran aumento del pago a los ejecutivos de Mylan. Heather Bresch — la hija del senador demócrata Joe Manchin, de Virginia Occidental— fue presidenta de la compañía en el 2007 y desde entonces ha sido jefa ejecutiva. Pasó de ganar $2.4 millones hace nueve años a $18.9 millones el año pasado. Otros ejecutivos de la compañía también han disfrutado de jugosos aumentos de sus ingresos.
La controversia del EpiPen es el ejemplo más reciente de los aumentos en los precios que establecen las empresas farmacéuticas. Un informe de la Cámara de Representantes del 2014 indicó que 10 medicamentos genéricos —medicinas usadas para tratar el asma, la alta presión arterial, el colesterol alto y otros padecimientos— experimentaron aumentos de precio un año antes, con incrementos desde 420 por ciento hasta más de 8,000 por ciento.
Todo eso sube el costo del cuidado de la salud. Encarece los seguros de salud e infla el costo de enfermarse. Hace que una estadía prolongada en el hospital se convierta en el equivalente financiero de una experiencia casi mortal.
La respuesta inicial del público al último escándalo es una petición en Internet instando al gobierno a tomar medidas. El primer paso debe ser una audiencia en el Congreso, que varios miembros del Comité Judicial del Senado han pedido. Los legisladores no han dudado en llevar a líderes empresariales —como los de la industria del tabaco— a declarar en el Capitolio. La relación de Bresch con uno de sus colegas no debe ser un impedimento.
Por último, el gobierno debe garantizar que no se pierda ninguna vida a causa de los precios abusivos en la industria farmacéutica, aun si eso requiere acortar o eliminar el período que da a un fabricante derechos exclusivos sobre cualquier medicamento salvador.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de agosto de 2016, 2:21 p. m. with the headline "Entre la vida, la muerte y la codicia: el escandaloso precio del EpiPen."