Acción y no lamentos para evitar las muertes de niños
Periodistas veteranos como Enrique Flor se llevan las manos a la cabeza con horror y reprimen las lágrimas cuando tienen que cubrir esos sucesos. Me cuentan que al menos un fiscal curado de espantos lloró desconsoladamente luego de asistir a la autopsia de un niño de 6 años muerto a tiros en febrero. El superintendente de escuelas Alberto Carvalho ha tenido que lamentar públicamente la muerte a tiros de tres estudiantes más desde que se inició el año escolar hace solo tres semanas.
¿Y a quién de nosotros no se nos partió el alma al ver la foto de la carita sonriente de Jada Page, la niña de 8 años a la cual una bala le atravesó el cerebro la semana pasada mientras caminaba con su padre?
La reacción visceral de todos nosotros es siempre la misma: ‘Ni uno más’. Y luego vuelve a ocurrir y volvemos al muro de las lamentaciones.
Esta semana se vislumbra al menos la posibilidad de un cambio real que intente poner fin a este círculo vicioso y dantesco. El pasado martes una coalición de agencias gubernamentales incluyendo el Departamento Estatal de Niños y Familias, el Sistema de Justicia Juvenil, el sistema escolar de Miami-Dade, el Condado, la Fiscalía estatal y la Oficina del Defensor Público y grupos como The Children's Trust y United Way anunciaron un nuevo plan para atajar el ciclo de muerte y violencia. Según el superintendente Carvalho, este ciclo “es más grande que cualquier organización y requiere la colaboración de todas”.
Para lidiar con un problema primero hay que identificarlo y eso es lo que ha hecho esta flamante coalición llamada Unidos por los Niños. Después de cinco meses de investigación el grupo ha logrado identificar a 2,000 estudiantes como niños en riesgo. Viven en los 20 códigos postales más pobres y problemáticos del condado. Son los que no van a clase. Los que tienen comportamientos agresivos y bajo rendimiento escolar, niños a la deriva. Entre estos hay un grupo de 127 cuyas circunstancias domésticas extremas están ya bajo la supervisión del Departamento de Niños y Familias.
La idea es concentrar la mayor cantidad de recursos de apoyo para ayudar a estos niños vulnerables. El Children's Trust, cuyo lema es “Todos los niños son nuestros niños”, está aportando $800,000 para programas que ayudan a combatir el ausentismo escolar crónico, que predomina en este grupo. Muchos de los niños involucrados en la violencia con armas simplemente no van a la escuela y a nadie le importa. Los que no están en la escuela en estos barrios marginales tarde o temprano cae en manos de las pandillas.
El superintendente insiste, con razón, en que los nombres de estos niños en riesgo se mantendrán en la más absoluta confidencialidad. No se trata de perseguirlos sino de darles una mano, a ellos y a sus padres frecuentemente ausentes. Dorothy Bendross Mindigall, miembro de la Junta Escolar, sugirió incluso que se les pague a estos padres para involucrarse en las escuelas de sus hijos. Eso no me parece apropiado. Ningún gobierno, ningún sistema escolar puede crear familias responsables, pero sí pueden ayudarlas a lograr mejor supervisión de sus hijos y beneficios para toda la familia.
Lo más importante es involucrar directamente a todos los actores del drama. Por eso han convocado a una serie de reuniones comunitarias para el lunes19 de septiembre, el martes 20 y el miércoles 21 en bibliotecas regionales. Aparte de darles toda la ayuda necesaria también es importante fomentar una cultura de cooperación con las autoridades para que estos crímenes contra niños no queden impunes por un silencio cómplice o cobarde.
Ya hemos llorado bastante. Es hora de poner manos a la obra.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de septiembre de 2016, 3:28 p. m. with the headline "Acción y no lamentos para evitar las muertes de niños."