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Conformarse o transformarse, la decisión es suya

Cada hombre es producto de su tiempo, pero el hombre grande no se conforma consigo mismo, sino que busca transformarse continuamente y se esfuerza por redefinir el tiempo en que vive antes que dejar que sea éste quien lo defina a él.

El hombre grande deja su huella en el mundo por las obras que hace, las vidas que toca, el bien que produce y las injusticias que se esfuerza por erradicar. Es producto de su tiempo solo en la medida en que sus contribuciones sean relevantes, atendiendo a las necesidades reales y urgentes del mundo que le rodea. No permanece de brazos cruzados como espectador, sino que se lanza a la arena de la vida con el claro y deliberado fin de influir en los resultados del juego una y otra vez. La palabra “conformidad” no está en su vocabulario.

Entonces, ¿qué diremos de la era en que vivimos hoy? ¿Cómo recordará la historia este momento? ¿Nuestro momento?

Decir que vivimos en tiempos interesantes sería nada menos que un eufemismo. Basta con echar un vistazo al mundo que nos rodea y encontrará que estamos inmersos en conflictos; con guerras a todo meter y actos atroces de terror y una aún creciente sensación sutil de intolerancia hacia cualquier cosa o persona cuyas creencias u opiniones puedan diferir de las nuestra. Pero a la vez vivimos en una época de oportunidades insondables, cuando los avances en la tecnología y la medicina y tantas otras disciplinas son mayores de lo que han sido durante cualquier otro momento de la historia. Añádale a la mezcla la reciente crisis de las hipotecas subprime que nos llevó a la peor recesión desde la Gran Depresión, seguida por nuestra actual recuperación económica, el Obamacare, el mandato del HHS y su infracción sobre nuestros derechos de conciencia, la normalización de las relaciones de Estados Unidos con Cuba y, oh sí, el reciente brote de ébola y usted puede estar seguro de que nunca hay un momento aburrido.

Todos y cada uno de nosotros nos enfrentamos a una elección: ¿Nos conformaremos a esta edad y dejaremos ir las cosas porque es el camino más fácil? ¿O haremos los tipos de contribuciones positivas que, cuando se unen con las contribuciones de otras personas, pueden transformar al mundo?

A la luz de esta elección, dos preguntas vienen a la mente. En primer lugar ¿cómo podemos evitar la conformidad para tener un impacto positivo en el mundo que nos rodea? En segundo lugar ¿qué tiene esto que ver con los negocios?

La respuesta a la primera pregunta es actuar. Con mucha frecuencia asumimos una posición cómoda en el banquillo mirando nuestro mundo como espectadores, sacudiendo la cabeza con incredulidad, deseando que las cosas fueran diferentes. Sin disposición para invertir tiempo o esfuerzos necesarios para lograr un cambio, nos conformamos y simplemente aceptamos las cosas como son. Por el contrario, considere la filosofía de nuestro 26º presidente, Theodore Roosevelt, quien a los 15 años escribió lo siguiente en su diario: “Actúe. Haga cosas. Sea sano. No desperdicie su tiempo. Cree algo. Actúe. Tome el lugar donde se encuentre y sea alguien. Actúe.”

Para responder a la segunda pregunta que me referiré al tema de fondo detrás de casi todas mis columnas en los últimos cinco años. Sepámoslo o no, el negocio puede tener un propósito mucho mayor que la mera ganancia cuando se convierte en un medio para lograr un fin superior. Como dueños de negocios, cada uno de nosotros debe definir ese fin superior para nosotros mismos y para nuestras empresas, pero las oportunidades para hacer contribuciones significativas a nuestro mundo tanto a nivel organizativo como a nivel personal están justo frente a nosotros.

Dentro de nuestras organizaciones, podemos tomar la decisión consciente para asegurar que nuestras empresas son lugares donde los miembros del equipo pueden crecer y prosperar; donde la distribución del trabajo es justa y equitativa; donde las personas son tratadas con dignidad y respeto, donde son compensados de manera justa y reconocidos por sus contribuciones.

Fuera de nuestras organizaciones, podemos entender mejor cómo nuestros productos y servicios crean valor para nuestros clientes y, con ese entendimiento, luchar por la mejora continua. Más creación de valor. Más alto los estándares de calidad y servicio. Mayores las contribuciones y beneficios para nuestras comunidades. Siempre debemos tratar de devolver al mundo más de lo que recibimos de él, y nuestro trabajo –el trabajo que con demasiada frecuencia damos por sentado– puede ser un gran punto de partida.

Conformarse o transformarse. La decisión es suya.

Manny García-Tuñón es columnista de

el Nuevo Herald y presidente de Lemartec,

una firma de diseño y

construcción de Miami, FL.

manny@unosminutosconmanny.com

www.unosminutosconmanny.com

Esta historia fue publicada originalmente el 14 de febrero de 2015, 11:11 p. m. with the headline "Conformarse o transformarse, la decisión es suya."

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