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Esculturas en Coral Gables, ¿adefesios o arte que ‘refresca’ la ciudad?

Escultura de la artista norteamericana Alice Aycock, en la rotonda de la calle Segovia y Biltmore Way en Coral Gables. La instalación de la escultura ha causado una polémica entre los residentes de la ciudad.
Escultura de la artista norteamericana Alice Aycock, en la rotonda de la calle Segovia y Biltmore Way en Coral Gables. La instalación de la escultura ha causado una polémica entre los residentes de la ciudad. rkoltun@miamiherald.com

El filósofo escocés David Hume fue el que dijo que la belleza está en los ojos del observador. Muchos residentes de Coral Gables han estado mirando con ojos de crítico de arte dos estructuras que ahora adornan círculos de tráfico en Segovia y Coral Way y Segovia y Biltmore Way.

“Es un floripondio horrible, un adefesio que nos han impuesto a la fuerza”, nos dice Sofía Larraz, quien vive en Coral Gables hace más de 30 años.

“A mí me gustan”, nos dijo Conchi Ramírez, residente desde hace décadas. “Me parece algo nuevo, refrescante, y me gustan las flores”.

Las esculturas en cuestión fueron diseñadas por la artista Alice Aycock y representan una explosión de complejas plantas en diversos colores en metal. La obra de la artista fue seleccionada por un comité de cinco expertos en arte y directores de museos. Costaron un total de $1 millón con instalación, fondos que provienen de una emisión de bonos y serán pagados a razón de $50,000 al año por la ciudad.

Pero los políticos municipales están bajo presión para retirar las esculturas. Olga Ramudo, una residente que inicio una petición para removerlas, que ya tiene más de 100 firmas, considera que las esculturas no representan el estilo de la ciudad. El comisionado de Coral Gables Vince Lago nos dice que “ todo el arte está sujeto a interpretación y esta no es una excepción”. Su oficina ha recibido muchas llamadas y correos electrónicos al respecto, según él a favor y en contra. Ramudo sostiene que según una reciente encuesta entre 350 residentes la mayoría, el 60 por ciento detesta los floripondios.

La obra no corresponde al carácter de Coral Gables. Es algo que estaría muy bien en Disney World , pero este tipo de arte experimental y transvanguardia no corresponde al estilo elegante y recatado de la ciudad

Ramón Cernuda

galerista y coleccionista de arte

Ramón Cernuda, conocedor y coleccionista de arte, se incluye en ese grupo. “Son horripilantes”, nos dijo Cernuda, cuya galería de arte está en Coral Gables.

“La obra no corresponde al carácter de Coral Gables. Es algo que estaría muy bien en Disney World , pero este tipo de arte experimental y transvanguardia no corresponde al estilo elegante y recatado de la ciudad”.

Cernuda también considera que la ciudad pagó un precio exorbitante por la obra de una artista que no es reconocida mundialmente.

Lo cierto es que los residentes de Coral Gables tuvieron amplia oportunidad de expresar su opinión sobre este proyecto. Según el comisionado Lago hubo más de 20 reuniones y audiencias y los planos fueron públicos desde un principio. Como suele ocurrir nadie se dio cuenta hasta que no amaneció con un floripondio en la esquina.

Confieso que al principio me chocaron un poco las esculturas pero ahora me gustan. Son simpáticas, tropicales y alegres. Me preocupaba que los pétalos metálicos se convirtiesen en armas de destrucción masiva durante un huracán, pero me aseguran que la escultura está diseñada para resistir vientos de hasta 175 millas.

Hace muchos años que la ciudad no invierte en arte en lugares públicos, algo imperdonable en una ciudad que se precia de ser un centro cultural. No me parece excesivo el precio de las escultura, $400,000 cada una. Con eso no se compra ni una casa de dos cuartos en Coral Gables.

Yo vivía en Chicago en 1967 cuando decidieron poner una escultura de Picasso en una plaza del downtown. Llovieron las críticas y las protestas. Hoy en día la escultura es un destino cultural y hay que hacer cola para acercarse a ella.

Mi gran amiga Reneé Betancourt vive cerca de las flamantes esculturas. Tiene un gran sentido estético y mucho sentido común. “A mí me encantan”, me dijo, “vivimos en el siglo XXI y Coral Gables no es una ciudad mediterránea sino una ciudad cosmopolita. Hay que abrir los ojos”.

Ese es el propósito del arte en lugares públicos, abrirnos los ojos, despertar nuestro cociente de curiosidad.

Quitar las esculturas sería costoso y complicado porque la ciudad tiene un contrato con la artista. ¿Además qué pondrían allí?

Quizás la estatua de Donald Trump desnudo que se robaron de la azotea de una galería en Wynwood. O la del prócer y fundador de Coral Gables, George Merrick, que está frente al ayuntamiento y que, vista desde ciertos ángulos, también parece pornográfica.

Los tradicionalistas querrían otra fuente, que seguro costaría más que las esculturas y gastaría muchísima agua y en esa agua se criarían los mosquitos, que como sabemos propagan el zika.

El arte en los tiempos del zika, no sé mucho de arte, pero prefiero el floripondio.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de septiembre de 2016, 1:30 p. m. with the headline "Esculturas en Coral Gables, ¿adefesios o arte que ‘refresca’ la ciudad?."

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