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El largo adiós

Ya tiene 94 años y ha empezado a irse. No sabe lo que tiene, nadie se lo ha dicho pero los síntomas están allí y de cuando en cuando se da cuenta de su desorientación, de no recordar si almorzó o no, de su obsesión con minucias que se le aclaran repetidamente porque olvida lo que acaban de decirle.

La lucidez vuelve a él y uno ve al hombre de antes. ¿Dónde está papá entre esos espacios, como sale de los resquicios por los que se fue, de donde vuelve?

Hay una relación indudable entre cuerpo, mente y conciencia pero eso no quiere decir que el cuerpo y la mente tengan el monopolio y exclusividad de la conciencia.

Hay una conciencia incorpórea que ‘se da’ en las experiencias cercanas a la muerte, gente que ‘se va’ y ‘vuelve’. En otras palabras: El espíritu ‘existe’, aunque ‘existir’ es un término impreciso que usamos en ausencia de otro mejor. El espíritu alberga la verdadera conciencia.

El consciente corpóreo necesita subordinarse al espíritu. Así logramos acceso parcial a la conciencia universal, la comprensión y el saber transpersonal. Eso puede aminorarse o acrecentarse, y nadie puede jactarse de que le pertenecen.

Lo que llamamos “Yo”, el Ego, es un sistema para conciliar conciencia, cuerpo y mundo.

Tenemos un yo conectado a una conciencia física que siente y percibe, y a una conciencia mental que piensa y elabora. Ese es el yo que papá está perdiendo, el de las dos conciencias, pero está el otro Yo, el de la conciencia verdadera, la conciencia integrada.

La conciencia verdadera radica en la unión de nuestros seres, el emocional, el intelectual y el físico, armonía de tres seres en la unión del espíritu.

En la unión está el espíritu y su conciencia espiritual, no física, mental o emocional, es la que aflora de cuando en cuando en papá tal como aflora en todos… cuando hemos logrado la unión en el tiempo que tenemos.

En la medida que “Yo” desempeñe mi función, mi “Yo” crece y desarrolla el espíritu; su mal funcionamiento me deteriora.

La verdadera conciencia nos eleva al campo de inter-seres.

Nuestro acceso nos autoriza a decir que ‘existe’ o ‘hay’ una fuente inagotable de conciencia, comprensión y saber. En esa fuente está el repositorio de la conciencia espiritual… cuando la hemos logrado.

De los tres atributos espirituales, conciencia, comprensión y saber, el básico es la conciencia. De ella, de la conciencia verdadera, emanan la comprensión y el saber.

Se piensa que la conciencia es un producto del cerebro humano, y lo es… pero no únicamente cerebral, no totalmente, no precisamente. Hay conciencia en todos lados.

Somos ‘estaciones’ de conciencia vinculada ‘arriba’ cuando nos hemos unificado, cuando hemos logrado acceso a la fuente. Cuando actuamos en nombre propio no activamos ese vínculo y nos portamos como gestores biológicos dueños de ‘nuestra’ conciencia.

El vínculo con la conciencia universal está en el espíritu en la integración del ser, que conecta ambos lados, ‘arriba’ la conciencia universal y ‘abajo’ nuestra conciencia biológica y mental. Esto es un hecho, no una elucubración.

En mi padre veo la paz de la conciencia espiritual y sé que nunca lo dejaré de atender por más ‘ido’ que parezca porque está allí aunque no lo vea en su expresión física. Cuando vuelve… conversamos.

Periodista, escritor y filósofo peruano.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de octubre de 2016, 3:01 p. m. with the headline "El largo adiós."

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