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Ser flexible es una virtud en su negocio

Existen numerosos factores que afectan los negocios. Desde avances en tecnología a eventos actuales a nivel global, los dueños de negocios deben mantener un ojo vigilante para todo y cualquier cosa que pueda suponer una amenaza a evitar, o una oportunidad para aprovechar.

Basta decir que el mundo de los negocios es cíclico y esta realidad presenta un desafío específico para los dueños de empresas. El desafío tiene que ver con el proceso de toma de decisiones estratégicas. En un mundo en flujo, las decisiones que tomemos hoy no siempre darán los resultados esperados mañana. Por lo tanto, nuestros planes estratégicos requieren un cierto grado de flexibilidad. De lo contrario, se agrieta bajo la presión ejercida sobre ella por los cambios en tiempo real.

Para muchos, esta flexibilidad que requieren los negocios es difícil de manejar. Hacer navegar su organización con éxito en aguas tranquilas es fácil, pero hacerlo en aguas turbulentas es otra cosa. El problema es que las condiciones pueden cambiar rápidamente por lo que nuestra capacidad de pronosticar es crítica. Por lo tanto hacemos todo lo posible para desarrollar planes estratégicos que tomen en cuenta todos las variables y resultados probables –e incluso aquellas que no son tan probables– y esto requiere flexibilidad.

Pero la flexibilidad ofrece otros beneficios más allá de la protección contra las grietas inevitables en un plan de negocios rígido. Puede también servir como indicador de potencial. Los mismos problemas y desafíos que demandan flexibilidad pueden servir como oportunidades de innovación. La reciente crisis económica que causó estragos en muchos negocios también sirvió de impulso hacia la prosperidad a las personas innovadoras capaces de adaptarse para satisfacer los crecientes desafíos de un entorno empresarial en constante cambio.

En 1931, al comienzo de la Gran Depresión, cuando muchos empresarios del país se sentían paralizados por el miedo, Walt Disney soñó con hacer un largometraje de dibujos animados – algo que nunca antes se había hecho. En ese momento a su estudio le iba bien, considerando las circunstancias, con dibujos animados cortos de siete minutos como era la costumbre. ¿Por qué Disney arriesgaría ese éxito por una idea que muchos consideraron fuera de momento e incluso una locura? Porque él vio en la depresión una oportunidad de ofrecerle al público un escape a los problemas y desafíos del día – un escape que sus dibujos animados cortos no podían ofrecer. Disney opinaba que el público necesitaba algo diferente y que estaría dispuesto a ver un largometraje de dibujos animados de una hora y media si los 90 minutos estaban llenos de acción, drama y humor.

En 1934, en medio de la Gran Depresión, Disney decidió arriesgarlo todo, incluido el estudio, para responder a una necesidad que el resto del mundo ni siquiera sabía que existía. La obra era el largometraje animado Blanca Nieves y los Siete Enanitos. Basándose en su experiencia con sus cortos animados, Disney calculó que la producción del largometraje costaría $250,000. Roy, el hermano y socio de negocios de Walt, quien le manejaba las finanzas, duplicó el cálculo a $500,000 por temor al optimismo de su hermano. Durante los próximos tres años, el estudio batalló por completar el filme, superando todos los obstáculos, desde falta de fondos hasta serios retos artísticos porque ninguno de los animadores sabía cómo dibujar personajes a escala natural.

El proceso era tan nuevo que incluso los cálculos conservadores de Roy resultaron equivocados: el costo final de la película fue de más de $1 millón. Sin embargo, Walt fue capaz de transmitir al equipo su fe en el proyecto y los motivó a trabajar por la excelencia sin importar el costo.

El 21 de diciembre de 1937, Blanca Nieves y los Siete Enanitos se estrenó a teatro lleno en Los Ángeles. La reacción de los asistentes fue tan positiva que sorprendió a los animadores de Disney y el filme resultó un éxito rotundo. Walt Disney tenía razón. Según Pat Williams, historiador de Disney, “la película ganó $8.5 millones en los meses de su estreno, lo que permitió construir un nuevo estudio de $3.8 millones en Burbank, que sigue siendo el centro de los dibujos animados de Disney hoy en día”. Y todo se debió a un empresario visionario y flexible capaz de ver oportunidades donde otros solo veían obstáculos y desafíos.

Manny García-Tuñón es columnista de

el Nuevo Herald y presidente de Lemartec,

una firma de diseño y

construcción de Miami, FL.

manny@unosminutosconmanny.com

www.unosminutosconmanny.com

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de febrero de 2015, 11:09 p. m. with the headline "Ser flexible es una virtud en su negocio."

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