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Trump, no hay trampa en las elecciones en EEUU

El candidato presidencial republicano, Donald Trump, en un evento de campaña en SeaGate Convention Centre, el jueves 27, en Toledo, Ohio.
El candidato presidencial republicano, Donald Trump, en un evento de campaña en SeaGate Convention Centre, el jueves 27, en Toledo, Ohio. Getty Images

Los que vivimos en la Florida la elección presidencial del 2000 fuimos testigos de por qué el proceso electoral en Estados Unidos es sagrado, complicado y blindado. Hace 16 años la contienda presidencial entre George W. Bush y Al Gore se decidió por una diferencia de 537 votos de más de 100 millones emitidos. Cada voto fue contado y recontado.

Luego de pasar por la Corte Suprema de la Florida, la decisión de interpretar la voluntad popular llegó a la Corte Suprema de la nación que al final del largo camino decidió que los votos de Miami no tenían que ser revisados otra vez. Lo que se cuestionó en esa elección no fue la mala intención de un oscuro grupo de conspiradores, sino el mal funcionamiento de un equipo obsoleto de marcar boletas que no permitió identificar la validez de cada una de ellas. No sé si recordarán las famosas boletas preñadas y las boletas colgantes, todas parte de una increíble odisea que duró desde las 11 de la noche del 7 de noviembre hasta las 10 de la noche del 12 de diciembre cuando la Corte Suprema tuvo la última palabra. La victoria fue para George W. Bush.

A raíz de esa reñidísima elección mucho ha cambiado para bien. Poco después el Congreso aprobó de forma bipartidista la ley HAVA para ayudar con fondos federales a los estados a modernizar y hacer más seguros y fiables sus sistemas de votación.

Este año, el candidato republicano a la presidencia, Donald Trump, ha llamado a sus seguidores a estar vigilantes, lo cual es bueno, siempre y cuando no intimiden a ningún votante. Lo que no es bueno es la insistencia de Trump en que la elección está arreglada o amañada por una nebulosa conspiración.

Es importante disipar esta niebla y dejar bien claro que, como me dijo el senador republicano Marco Rubio, en este país es imposible amañar una elección presidencial porque el proceso de votación está totalmente descentralizado.

Las elecciones se llevan a cabo a nivel estatal y local. En la Florida, por ejemplo, hay 67 condados. Cada uno tiene un supervisor distinto y un sistema de votación diferente. Hay múltiples niveles de revisión y chequeo.

Carlina López, la vocera del Departamento de Elecciones de Miami-Dade, nos dice que todo está bajo control en plena votación temprana. “Todo marcha bien”, nos dijo López, quien explica que cada unidad de votacion es revisada antes y después de la elección con auditorias para comprobar que el conteo electrónico refleja el número de boletas de papel que son escaneadas.

La denuncia irresponsable de que hay engaño no tiene fundamento. Según las estadísticas del Departamento de Justicia, de 197 millones de votos emitidos entre el 2002 y el 2005 solo 26 personas fueron convictas de fraude electoral, o sea una probabilidad de un 0.00000031 por ciento. Más fácil es ganarse el premio gordo del Powerball.

No hay amaño, señor Trump, y su repetida aseveración de que todo está arreglado es tan falsa como peligrosa.

Hace 16 años, en una gélida noche en Washington, el vicepresidente Gore, habiendo ganado el voto popular, aceptó la decisión de 5 a 4 de la Corte Suprema de forma elegante y llamó a Bush para felicitarlo y ofrecerle su ayuda para sanar las divisiones de esa contienda. En su discurso Gore citó lo que dijo el senador Stephen Douglas cuando perdió frente a Abraham Lincoln: “El partidismo tiene que ceder ante el patriotismo”. Palabras que debería al menos leer el Sr. Trump.

Su intención de sembrar sospechas sobre los resultados de esta elección es repugnante. No nos puede hacer ese cuento, sobre todo a los que vivimos y reportamos la increíble aventura política del 2000 en Miami, Tallahassee y Washington. Sabemos que cada voto cuenta y se recuenta si es necesario y que existen instituciones y tradiciones para asegurar la continuidad de la democracia. Estas incluyen la dignidad y la decencia de admitir que no siempre ganamos y que la culpa no está en las estrellas sino en nosotros mismos.

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de octubre de 2016, 7:00 a. m. with the headline "Trump, no hay trampa en las elecciones en EEUU."

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