Post mortem y el futuro de Trump
Se preveía una barrida electoral de Hillary Clinton. La última predicción así de errada ocurrió en 1948 cuando el Chicago Daily Tribune publicó su “Dewey derrota a Truman”. Se temía pérdida total del Partido Republicano. La pérdida total ha sido demócrata (presidencia, Senado y Cámara de Representantes). Para algo así hay que remontarse a 1928 con la elección de Herbert Hoover… Claro, después vino la gran depresión.
Se temía que Trump no aceptase su pérdida, hoy es la izquierda la que no acaba de aceptarla. De pronto nos encontramos en un mundo al revés.
El liderazgo demócrata impuso a Hillary Clinton pese a la evidencia de su personalidad enclaustrada y defensiva al punto de mostrar la de Trump, por escandalosa que sea, como más ‘simpática’. Lo sabían. Bernie Sanders: “Se lo advertí al partido y no escuchó. Fue como una familia negándose a reconocer que papá era alcohólico”.
Los líderes del partido y el comité nacional sufrieron de negación. Efectuaron una maniobra que les costó la presidencia, obstaculizar la nominación de los demás candidatos.
¿Quedará impune la intervención del director del FBI con su advertencia de los correos de Hillary en contravención de las reglas del Departamento de Justicia? Su acción fue clave en la derrota demócrata, algo por demás sospechoso a la luz de las declaraciones de Giuliani que anticipaba una ‘bomba’ del Buró.
¿Le falló el voto hispano a Hillary? No, pero falló su presunción. La distribución de nuestra población nos quita peso en el colegio electoral, concentrados más en la costa oeste donde le dimos a Hillary un voto que ya de por sí tenía ganado (no fuimos ‘vitales’ para ella allí), con la mayoría del 29% de la población hispana republicana en el sureste también ya de por sí republicano, y de poca influencia en el resto. Tenemos un peso fraccionado y localizado.
La presente también es una victoria de europeo-americanos menos pudientes hoy que ayer, 70% de la población blanca, esa silent majority a la que se dirigió Richard Nixon en 1972. Hay una naciente y ‘nueva’ división de europeo-blanco-americanos e hispanos y afroamericanos.
Se acabó la era post racial que nunca realmente empezó con Obama. Es más, se acabó su legado, bye Obamacare, dreamers, dapa, daca, acciones ejecutivas en inmigración, proteccionismo del Seguro Social, Medicare y programas de ayuda. Estamos a las puertas de un capitalismo salvaje.
¿Cómo gobernará Trump? Esa es la gran pregunta tras su victoria de miedo y vituperio. Puede que cambie pero el que viene parece un gobierno extremista con radicalismo está en agenda: Deportar 11 millones. Cancelar el acuerdo nuclear con Irán. Realineamientos en el mundo árabe de manera que nuestra ‘primera prioridad’ sea la derrota de ISIS. Cooperar con Rusia. Anular el Obama Care. Construir una pared y que México la pague. Negar el cambio climático y ‘soltar’ hidrocarburos y carbón. Implementar el ‘Stop and Frisk’, detener a cualquiera y catearlo en busca de armas, drogas, etc. Restringir la entrada y presencia de musulmanes en el país. Revisar y/o anular los tratados de libre comercio, y más.
Es indudable que estamos ante un partir de las aguas, que se está alzando una pared y no la que Trump piensa construir en la frontera, aunque esa también. Es una pared de proteccionismo nacional alrededor de todo lo americano.
Hoy nos despertamos a una nueva realidad de países que se protegen cerrando sus fronteras. Empezó en Gran Bretaña, ahora es aquí. La nobleza de la gran apertura mundial permitida y posibilitada por Estados Unidos a costa de su propia economía, industria y comercio está llegando a un repentino fin. El Titanic se hundía, que cada país busque su salvavidas.
Trump no es ideólogo. Ojalá no se rodee de ideólogos que nos calcen zapatos que aprieten los pies. Su nombramiento de Reince Priebus como jefe de personal es buena señal pero contradice su promesa de ‘desaguar el pantano’ porque, con todo lo positivo que trae, Priebus también es caimán del pantano washingtoniano. Las señales son mixtas: también está Steve Bannon, el anarco-fascista de ultraderecha blanca nombrado estratega en jefe y consejero de la presidencia. Es de los que predican miedo para vender seguridad.
Felicitaciones a Donald Trump. Es nuestro presidente, debemos apoyarlo en lo que podamos… alzando la voz cuando debamos. Ya se está alzando en las marchas que surgen como brotes de sarampión en el país.
El presidente electo tendrá que dirigirse al descontento, de lo contrario sobrevendrán años de enfrentamientos entre populistas de la izquierda y derecha cuyos extremos aguijonea. Quizás ese sea el norte de Trump con su nuevo ‘estratega en jefe’, encender la mecha de una nueva revolución americana, con Priebus como bombero personal. ¿Y Chris Christie? Es hora de tender puentes, no de entorpecerlos.
Periodista, escritor y filósofo peruano.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de noviembre de 2016, 3:31 p. m. with the headline "Post mortem y el futuro de Trump."