Los párpados de Marco Aurelio
Pensamos que lo ancho y corto es diferente a lo largo y angosto. Son lo mismo en distinta orientación, una línea vertical y otra horizontal. Pónganlas en paralelo y son iguales.
Lo bonito de unos y lo feo de otros suelen ser exactamente lo mismo pero unos ven en vertical, otros en horizontal. Es el filtro de nuestra persona, la personalidad, la que determina cómo vemos.
Marco Aurelio Antonino, emperador Romano entre los años 161 y 180, escribió que “…somos de la misma línea, la misma sangre, la misma semilla. Venimos de los mismos orígenes, somos partícipes de la misma inteligencia y la misma divinidad, y ninguno puede hacerme daño porque ninguno puede imponer su fealdad en mí. No puedo molestarme con ellos, ni odiarlos. Hemos sido creados para cooperar, como nuestros pies, manos y párpados.” Sería ideal ser así pero tenemos un problema que resolver para llegar a esa visión, tenemos que resolver nuestra persona.
La persona cree ser nosotros, cree ‘poseernos’ y no es así. Es nuestra superficie nada más, la parte del ser en contacto con el mundo, la que nos relaciona con la existencia y por eso se cree indispensable, porque todo pasa por ella. Nos usa a su voluntad y cierra los ojos con los mismos párpados de Marco Aurelio para no ver lo que no quiere, lo que le parezca feo o la haga sentirse mal, y nos llena de huecos en zonas que extirpa… Luego se pasa la vida, nuestra vida, llenándonos, llenando los huecos que creó para tener una imagen que la satisfaga. ¿Saldrá de eso la prohibición a la adoración de imágenes?
Dios quiere verdades y la verdad no tiene huecos. Nuestra verdad –toda verdad es propia – necesita lo que no queremos en nosotros, lo que no nos gusta... Eso es lo primero para llegar a la visión de Marco Aurelio, párpados que cooperen. Lo segundo es aceptar lo que somos, no negarlo ni rechazarlo, aceptarlo para transformarnos. La transformación, el renacer, también es individual.
Dios quiere nuestra verdad personal, pero la persona suele rechazar sus verdades cuando son ‘fea’. No cerremos los ojos a ellas porque entonces nos tropezamos con ellas. Parpadea, ve, míralas y acéptalas. Nuestro espíritu necesita ojos abiertos y aceptación de quienes somos. Parpadea cuando algo incomode tus ojos, haz lo necesario para no cerrarlos porque entonces abandonas la realidad.
Si se preguntan por qué andamos con vacíos en nuestro ser, es porque las personas quieren verse bonitas y rechazan lo que no les gusta. Es algo muy común, confundir el bien con lo bueno y bonito, lo malo y feo con el mal. El bien y el mal los define Dios. Lo bonito, bueno, malo y feo lo definimos nosotros.
Para transformarnos necesitamos primero aceptarnos. El Cristo en nosotros quiere nuestra verdad por más fea que sea. Acercándonos a ella nos acercamos a Él.
“Soy el camino la verdad, y la vida”, Juan 14:6. El “Yo soy la verdad” de Cristo nos dice que la verdad es viva, que vive en cada uno de nosotros y que todos tenemos nuestra verdad así la neguemos, rechacemos o extirpemos.
Si buscas el bien busca ser verdadero. Mejor verdaderos que ‘buenos’ para nosotros y bonitos ante los demás. No cerremos los ojos, parpadea si algo te disgusta, se real con tus defectos y atributos, se auténtico y llegarás a Dios.
Periodista, escritor y filósofo peruano.
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de noviembre de 2016, 6:44 p. m. with the headline "Los párpados de Marco Aurelio."