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Caos

El secretario de Estado, John Kerry, pronuncia un discurso sobre la paz en el Medio Oriente en el Departamento de Estado de EEUU, en Washington DC.
El secretario de Estado, John Kerry, pronuncia un discurso sobre la paz en el Medio Oriente en el Departamento de Estado de EEUU, en Washington DC. Getty Images

En árabe la palabra “caos” es Fauda y la escribo con mayúscula porque es el título de una serie de televisión israelí que me ha cautivado. En dos noches vi los 12 capítulos de la primera temporada. La segunda, que promete, está en producción y la podremos ver en Netflix en streaming video, como la primera, hablada en árabe y hebreo, y con la opción de tener subtítulos en español o doblada.

Fauda es un fiel reflejo de la caótica situación que viven palestinos e israelíes en su enfrentamiento constante por el reclamo de lo que creen fielmente es su territorio; brutalmente convincente y veraz, como fue el discurso del secretario de Estado, John Kerry del miércoles sobre la negativa estadounidense a que sigan los asentamientos israelíes en teritorios palestinos que “son un obstáculo para la paz”, y además presentó la única vía posible, que considero justa para poder lograr la anhelada paz, basada en las fronteras de 1967, y Jerusalén la capital de los dos estados.

En Israel no transmitieron el discurso de Kerry, y Netanjahu no le dio credibilidad alguna a las importantes palabras del secretario de Estado. Que no quede duda de que el gobierno de Obama ha hecho todo lo posible por ayudar a resolver el problema entre los dos pueblos, que deberían y de hecho pueden con liderazgo y buena voluntad convivir como dos estados, uno árabe, el otro judío, en paz, soberanía y respeto mutuo.

Hoy para mí, alucinada todavía por la experiencia tan cercana de haber visto Fauda, el discurso de Kerry y la reacción del primer ministro israelí forma parte de la serie. Nunca he visto “ficción” y realidad tan fundidas la una en la otra.

Tan fascinante como terrible es la trama sumergida en una misión que para cada personaje es tanto sagrada cuanto sangienta.

Es la historia de los dos lados del conflicto israelí-palestino. El protagonist, Doron, es un comandante de la unidad secreta israelí que con su equipo opera dentro de los territorios palestinos. Persiguen al terrorista de Hamas, Abu-Ahmed. Al otro lado de la valla, se presenta la vida la trágica de Abu-Ahmed, conocido como “la pantera”, siempre en fuga, responsable del asesinato de decenas de israelíes. Pero se palpa su dolido lado humano, anhelando estar con su familia, y las razones de su creciente odio hacia Israel.

Los creadores de la serie son Avi Issacharoff y Lior Raz, que también interpreta a Doron. Los otros personajes principales son Hisham Suliman y Shadi Mar'i .

Fauda ha sido elogiada por su realismo, el uso de la representación árabe de los personajes de Hamas. La primera temporada tuvo un éxito sin precedents en Israel, y más tarde sucedió lo mismo en television palestina.

Todos los personajes palestinos son interpretados por actores árabes y más de la mitad del diálogo está en árabe. Lo mismo con los judíos y el diálogo en hebreo.

En junio del 2016, la serie ganó seis premios Ophir, incluyendo la Mejor Serie de Drama, en los Premios de la Academia de Israel.

Por su magnífico trabajo, los creadores han sido elogiados tanto por israelíes como por palestinos, y ha sido impactante para ambos pueblos ver su realidad tan bien retratada en la pantalla

Es el primer programa israelí que se adquiere y exhibe como una serie original de Netflix, que ya también ha adquirido la segunda temporada.

Fauda es parte de una tendencia actual de los programas israelíes que se han exportado o rehecho para audiencias en Estados Unidos. Be'Tipul, por ejemplo, fue adaptado del aclamado drama de psicoterapia de HBO In Treatment, que la tengo alta en la lista de programas par aver. Y Prisoners of War se convirtió en la serie de espionaje Homeland, que presenta Showtime con inmenso éxito de audiencia.

He viajado a Israel y Palestina, he caminado por sus calles llenas de personas hebreas, musulmanes y cristianas. Cada una a su quehacer diario o dirigiendo sus pasos, como yo, a los lugares santos del cristianismo. En esa hermosísima Tierra Santa he rezado por la paz, como mis hermanos judíos y palestinos, hijos todos de un mismo padre en la fe, Abraham.

Ruego a Dios y le pido a Benjamín Netanjahu que detenga para siempre los asentamientos. Y a la vez le doy gracias porque esta semana ordenó detener el que estaba iniciándose en el barrio palestino de Jerusalén.

Pero confieso que tengo un inmenso temor por lo que podría suceder en esa región del mundo cuando tome el poder Donald Trump. Una escalada de horror global que no quiero imaginar. Que Dios nos libre de los dos.

Escritora cubana.

Twitter: @doramador

Blog: doraamador.com

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