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La dudosa legitimidad de Trump

Si el asunto no fuera tan grave movería a risa la forma en que tirios y troyanos bailan alrededor de la cuestión de la legitimidad del presidente electo Donald Trump. Los trumpistas rehúsan con terquedad admitir la gravedad del espionaje cibernético ruso que ilegalmente ayudó al empresario a conquistar la presidencia. Y los antitrumpistas suelen prologar sus críticas con la aclaración de que el personaje ganó de todos modos. Pero si el veredicto de la inteligencia norteamericana es correcto, ¿cómo se puede concluir con seriedad que las elecciones fueron limpias? ¿Quién puede avalar sin sonrojarse la legitimidad de Trump como presidente? El autoengaño colectivo tiene el noble propósito de preservar a toda costa la estabilidad política de la nación. Es una acción refleja de una sociedad acostumbrada a barrer bajo la alfombra sus mayores traumas políticos, como la brutal empresa racista del Sur durante la Guerra Civil, el fraude electoral que dio la victoria a John F. Kennedy sobre Richard Nixon y el posterior asesinato del propio Kennedy. Y sin embargo…

Los norteamericanos tenemos el derecho y el deber de conocer toda la verdad sobre la interferencia de Vladimir Putin y su régimen autocrático en nuestro proceso electoral. Eso incluye respuestas claras e inequívocas a preguntas fundamentales. ¿Cuál fue el alcance del fisgoneo ruso en los correos electrónicos de las campañas de Hillary Clinton y de Trump? ¿Hubo contactos entre el equipo de Trump, el candidato mismo y las autoridades rusas que llevaron a cabo la operación ilícita? Durante la contienda Trump alentó con desfachatez el robo y la filtración de correos de su rival. “Rusia, si me estás escuchando”, declaró en sus actos públicos, “espero que puedas encontrar los 30,000 correos (de Hillary Clinton) que se han perdido”. ¿Qué significa semejante apología y exhortación al delito por parte de un candidato que ahora es presidente electo y pronto será mandatario en funciones? ¿Qué más hay detrás del persistente contubernio entre Trump, miembros clave de su equipo y el régimen criminal de Putin?

Lamentablemente, el primer paso que dará el gobierno de Trump no será comenzar a erigir el “muro grande y hermoso” con México, ni invalidar las órdenes ejecutivas del presidente Obama sobre normas gubernamentales e inmigración, ni eliminar medidas para la protección del medio ambiente, tal y como ha prometido el personaje. Su primer paso probablemente será detener las investigaciones de diversos cuerpos de inteligencia sobre el espionaje cibernético ruso. Eso hará mucho más difícil que los norteamericanos recibamos las respuestas que nos merecemos. Nuestra comunidad de inteligencia lo sabe y se ha embarcado en un frenético esfuerzo de filtración de informaciones y datos a los que a duras penas podemos seguirle el ritmo los periodistas. Preferible sería que las respuestas provengan de investigaciones independientes e imparciales. Pero eso es improbable porque el Partido Republicano de Trump controla ahora todas las instancias del gobierno.

Un presidente electo que estuviera libre de culpa o que tuviese en mente el bienestar del país habría exigido desde el principio una investigación a fondo del espionaje cibernético ruso o cualquier otra forma de injerencia foránea en nuestro proceso electoral. Pero Trump no es esa clase de presidente electo. Su reacción ha sido más bien negar contra toda evidencia el hacking ruso, calificar de “ridículas” las revelaciones que sobre él se han hecho, compararlas a la fallida inteligencia sobre las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, denostar y calumniar a nuestros cuerpos de inteligencia y culpar al Comité Nacional Demócrata por haberse dejado piratear información. También ha elogiado con desvergüenza a Putin, el dictadorzuelo que ordenó la acción ilegal, a quien incluso proclamó “mejor líder” que el presidente Obama.

Y en toda esta peligrosa conducta de Trump ha arrastrado a buena parte del Partido Republicano. Con honrosas excepciones, como los senadores John McCain y Lindsey Graham, los principales del GOP se están haciendo eco del contubernio de Trump con Putin y Julian Assange, el retorcido líder de Wikileaks, o haciendo mutis en momentos en que el país necesita liderazgo responsable. Es un claro presagio de la catástrofe política que se cierne sobre nosotros. Una catástrofe que de hecho parece haber comenzado ya.

Periodista cubano.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de enero de 2017, 6:59 a. m. with the headline "La dudosa legitimidad de Trump."

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