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Expulsar a los ‘dreamers’, un mal negocio que costaría $200,000 millones

Susana Terrones, de 24 años, tenía seis meses cuando vino de México a EEUU. Ella fue una de las beneficiadas del DACA. Estas personas se encuentran ahora bajo la amenaza de expulsión.
Susana Terrones, de 24 años, tenía seis meses cuando vino de México a EEUU. Ella fue una de las beneficiadas del DACA. Estas personas se encuentran ahora bajo la amenaza de expulsión. TNS

Cuando llegaron no sabían adónde ni por qué. No sabían que eran extraños, extranjeros, ilegales y deportables porque eran demasiado pequeños. Son los “dreamers”, los soñadores cuyos sueños ahora se han convertido en una febril pesadilla porque no saben lo que va a pasar y están literalmente fichados para una deportación masiva.

Hay al menos 700,000 de ellos que se han acogido al amparo temporal de la orden ejecutiva promulgada por el presidente Obama en junio del 2014 conocida como DACA. Esta les ofrece a los inmigrantes indocumentados que entraron cuando eran menores de edad una protección temporal contra deportación, renovable cada dos años y que también les permite trabajar, estudiar y obtener una licencia de conducir.

El pasado miércoles cuando Trump anunció a bombo y platillo la construcción de un gigantesco muro en la frontera de Estados Unidos con México y el retiro de fondos federales a ciudades santuario el presidente Donald Trump no mencionó la orden ejecutiva de DACA. Pero la espada de Damocles aun amenaza a estos cientos de miles de jóvenes que no tienen la culpa de haber nacido donde nacieron.

Muchos de los que apoyaron a Trump por sus promesas de eliminar las órdenes ejecutivas sobre inmigración emitidas por el presidente Obama, incluyendo la de DACA, ahora están exigiendo que las cumpla y que ponga en marcha la deportación masiva de toda una generación criada aquí.

Es posible que ocurra aunque el secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, cuya relación con la verdad deja mucho que desear, insiste en que el presidente Trump se va a concentrar en deportar a aquellos inmigrantes sin papeles que han cometido crímenes. No se sabe nada, pero creo que es posible a estas alturas apelar a las dotes de empresario del nuevo presidente. Deportar a los dreamers no sería un buen negocio.

Según un estudio del prestigioso Instituto Cato, eliminar DACA de un plumazo tendría un impacto adverso en nuestra economía, la cual según el análisis perdería unos $200,000 millones en la próxima década, $60,000 millones por concepto de impuestos no pagados al gobierno federal. Eso sería si los dreamers son deportados. Si se quedan aquí en las sombras trabajando por la izquierda la pérdida sería de “solo” $100,000 millones en los próximos 10 años. Definitivamente no es un buen negocio.

Añádanle a esto la inversión gigantesca que ya hemos hecho en términos de la educación de estos jóvenes. A raíz de una decisión de la Corte Suprema en los años 1970 los niños indocumentados han tenido el derecho a asistir a las escuelas públicas en este país. ¿Por qué desperdiciar esta gran inversión que ya hemos hecho?

Como nos dice el congresista republicano del sur de la Florida Carlos Curbelo: “Hay que ser justos con ellos, se les debe permitir encaminarse”. Sacrificar los conceptos más fundamentales de la nación en aras de cumplir una promesa simbólica y xenofóbica sería triste y desastroso. Una locura y un mal negocio

Según el congresista Curbelo todo esto es teatro barato, en este caso caro. Lo único que verdaderamente hace falta es una reforma a las disfuncionales leyes de inmigración en el congreso. Algo que no se ha logrado en los últimos diez años

Va a ser difícil dado el clima hostil que nos sigue intoxicando aun después de la elección. Nuestras leyes y las órdenes ejecutivas de un presidente no deben ser basadas en el odio, el resentimiento y la desinformación.

Tengo una receta que podría ser útil para llegar a acuerdos sensatos sobre el ácido tema de inmigración, se llama Morir Soñando y es una de las delicias de la Republica Dominicana. Se prepara batiendo con amor y con paciencia jugo de limón, hielo, leche y azúcar. El secreto para que no se corte es una buena dosis de dulzura y al menos una pizca de compasión.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de enero de 2017, 2:25 p. m. with the headline "Expulsar a los ‘dreamers’, un mal negocio que costaría $200,000 millones."

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