¿Obamacare? Ahora hay que pensar en Jacksoncare
Olvídense de Obamacare. En estos momentos nadie sabe lo que va a pasar con la ley que establece un seguro médico universal con subsidios del gobierno. Los millones que tienen estos planes de salud los tendrán por al menos un año más. Entretanto ni el presidente, preocupado con otros temas, ni el congreso, dividido sobre cómo proceder, han ofrecido un plan alterno, un reemplazo.
Lo que nos interesa en esta encrucijada sobre cómo va a funcionar el cuidado de salud en este país es lo que va a ocurrir aquí en el patio, concretamente en nuestro excelente e importante hospital público, el Jackson Health System.
Jacksoncare, como deberíamos llamarle, atiende a cientos de miles de pacientes al año; 200,000 que pasan por la sala de emergencias, 70,000 pacientes internos y 300,000 pacientes externos al año. De estos un 12 por ciento no tiene seguro médico y la mitad son indocumentados. El año pasado, con la tarjeta de seguro de Jackson Prime, 46,668 pacientes de bajos ingresos recibieron atención médica en el Jackson.
Todo esto lo hace Jacksoncare con tremenda competencia de hospitales privados con enormes recursos y con grandes desventajas. El Jackson es el único hospital que atiende a los que no tienen seguro, a los que tienen Medicaid que paga solo una porción de los costos, y a cualquier residente de Miami-Dade que entre por la puerta.
Es el único centro médico que revela claramente y rápidamente el costo de cualquier procedimiento médico si el paciente lo solicita, algo que no hacen los demás hospitales. Si como pacientes vamos a actuar como consumidores inteligentes, tenemos que manejar la información pertinente para hacer comparaciones y tomar decisiones. Esa es la única forma de reducir los costos astronómicos del cuidado de salud. Pero ese es otro tema, uno en el que Jacksoncare está en la vanguardia.
El Jackson siempre ha estado en la vanguardia de la excelencia médica. Soy testigo de ello, ya que fui paciente del legendario doctor Barth Green.
La calidad del cuidado y el ambiente así como los ingresos del Jackson han mejorado dramáticamente desde que Carlos Migoya tomó las riendas como CEO en el 2011.
En muchas áreas Migoya ha hecho milagros que han sacado al hospital a flote luego de estar al borde de la bancarrota. Pero los milagros financieros tienen límites. Este año el Jackson está contra la espada y la pared.
Cuando el gobernador Rick Scott y la legislatura estatal se negaron a expandir el programa de Medicaid con fondos federales para acomodar la implementación de Obamacare y darle seguro médico a 700,000 floridanos, el gobierno federal respondió reduciendo dramáticamente los fondos federales conocidos como LIP, que compensan a hospitales como el Jackson y que atienden a pacientes sin seguro. Como consecuencia los fondos federales de LIP para hospitales de la Florida se han reducido de $2,300 millones al año a solo $608,000. El Jackson ha perdido $60 millones en fondos federales durante los últimos dos años.
Los costos locales por atención a presos indigentes y personas de bajos recursos son mucho más altos que lo que ingresa el hospital por concepto de impuestos locales. El Jackson recibe $450 millones de los impuestos locales y gasta $600 millones.
Migoya nos dice que su esperanza es que la nueva administración en Washington restaure gran parte de los fondos de LIP que han sido eliminados como castigo. Ciertamente, el gobernador Rick Scott, que tiene tan buenas relaciones con el presidente Donald Trump, debería hacer todo lo posible porque esto ocurra.
Migoya también tiene los dedos cruzados ante la próxima sesión de la legislatura estatal. El CEO del Jackson no pide más fondos, solo que no le recorten más. Eso no será muy fácil ya que los legisladores tendrán que lidiar con un déficit presupuestario de $500 millones el mes entrante.
Por eso, por el momento, olvídense de Obamacare, lo que importa ahora es Jacksoncare.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de febrero de 2017, 4:36 p. m. with the headline "¿Obamacare? Ahora hay que pensar en Jacksoncare."