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Policías al acecho

En estos tiempos en los que proliferan las estafas legales, la de las trampas de tráfico que tiende la policía es sin duda una de las más vergonzosas y contraproducentes. Que lance la primera piedra el lector que no ha caído o no ha estado a punto de caer en alguna de estas trampas. Junto a las cámaras en los semáforos, las trampas de tráfico son un método común para recaudar fondos para los departamentos de policía y municipios. Poco tienen que ver con la seguridad de los choferes, según sugieren diversos estudios. Y como en tantas otras cosas negativas, la Florida marca el paso en este renglón. Varios municipios floridanos están recibiendo atención nacional por elevar las trampas de tráfico a niveles escandalosos. Como respuesta, legisladores estatales promueven un proyecto de ley que supuestamente busca frenar el uso de trampas de tráfico. Pero la medida, tal y como se ha concebido, parece más un simulacro de solución que una solución en sí.

La Legislatura y los gobernadores estatales siempre han tenido la prerrogativa de moderar o detener el uso de trampas de tráfico para recaudar fondos. Pero se han conformado con prohibírselo a la Patrulla de Caminos de la Florida. Los departamentos municipales y condales de policía legalmente tienen luz verde para tender las trampas con fines recaudatorios. Y algunos así lo hacen. Aunque todos lo nieguen. Hasta que algún empleado descontento se va de la lengua y confiesa con despecho la triste misión. Algo así sucedió en la pequeña localidad de Waldo, en el norte de la Florida, cuya fuerza de siete policías mantenía cuotas de multas que le permitieron recaudar cientos de miles de dólares anuales durante más de una década. La desfachatez de la policía de Waldo captó la atención nacional. Y como resultado de la mala prensa las autoridades municipales disolvieron su departamento de policía y le transfirieron sus funciones al alguacil del condado de Alachua.

Dos fuentes en Tallahassee me aseguran que las autoridades estatales estudian denuncias sobre prácticas similares en otros cuerpos policiales, especialmente en el norte de la Florida, por donde circulan muchos choferes inocentes provenientes de otros estados. Tan preocupante se ha vuelto la situación que la Triple A adquirió espacio en vallas de anuncio para advertir de las trampas policiales. También han surgido aplicaciones que advierten a los choferes sobre dónde se emboscan los policías. Y una página de internet, The National Speed Trap Exchange, expone a los municipios del país donde la policía suele tender más trampas de tráfico. En su sección correspondiente al sur de la Florida, la página describe decenas de lugares donde la policía se esconde para pescar a choferes incautos.

Para colmo, algunos jefes de policía evalúan la productividad de sus agentes, en parte, por la cantidad de multas que imponen. De ahí que los sindicatos policiales estén apoyando el proyecto de ley del senador estatal republicano Rob Bradley para frenar el desparpajo. Su SB 264 pretende eliminar la laguna legal que permite a policías locales dedicarse a esta bochornosa tarea. Por desgracia, dejaría casi intacta la laguna al ordenar una auditoría solamente cuando 50% de los ingresos de un departamento de policía provienen de las multas de tráfico. Ese porcentaje es demasiado alto. Esto sugiere que el senador Bradley está más interesado en hacer un gesto político –Waldo y otros municipios transgresores caen en su jurisdicción– que en remediar el problema.

Las trampas de tráfico para recaudar fondos, como las cámaras en los semáforos, eximen a los políticos de su responsabilidad de buscar vías legítimas de alimentar los presupuestos gubernamentales. Por eso los gobiernos municipales guardan silencio ante las protestas populares contra ambas medidas. Algunos incluso cabildean en Tallahassee para preservar estas fórmulas solapadas de recaudación. Pero las dos erosionan la confianza pública en las autoridades. En el caso de la policía, la erosión es particularmente dañina como reconocen líderes sindicales. “Creemos que las ciudades deben generar ingresos de otra manera”, dice John Kazanjian, Presidente de la Asociación Benevolente de la Policía en Palm Beach. El debate en Tallahassee debería enfocarse en frenar las trampas y promover medidas alternas de recaudación que puedan justificarse ante los floridanos.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de marzo de 2015, 0:00 p. m. with the headline "Policías al acecho."

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