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Los móviles del Russiagate

Michael Flynn, a quien el presidente Donald Trump nombró asesor de seguridad nacional, renunció el 13 de febrero tras conocerse que se había reunido con el embajador ruso en Estados Unidos.
Michael Flynn, a quien el presidente Donald Trump nombró asesor de seguridad nacional, renunció el 13 de febrero tras conocerse que se había reunido con el embajador ruso en Estados Unidos. AP

A medida que aumentan las sospechas y evidencias de contubernio entre el equipo del presidente Trump y el régimen ruso se va imponiendo la pregunta: ¿cuál fue el móvil? ¿Por qué norteamericanos –algunos prominentes– conspirarían con espías de Vladimir Putin? Por ideología no sería. El comunismo como motivación teórica o para la acción ha desaparecido hasta de las universidades norteamericanas, lo cual es mucho desaparecer. El mismo Putin cambió de casaca para convertirse en el nacionalista agresivo –de ideología difusa– que es hoy. Su agresividad se aviene a la milenaria mentalidad expansionista rusa que alcanzó su apogeo con el imperio soviético. ¿Pero cuál sería el móvil de Trump y sus allegados?

La respuesta es el dinero y la posibilidad de conquistar el poder en Estados Unidos contra todos los pronósticos. Allegados de Trump antes, durante o después de la campaña recibieron pagos de Moscú o de oligarcas rusos que han hecho fortuna bajo la corrupta tutela de Putin. En ciertos casos, como el del exjefe de campaña de Trump Paul Manafort, habría cobrado grandes sumas. Prensa Asociada informó que Manafort suscribió un contrato de $10 millones anuales con un oligarca ruso del círculo íntimo de Putin para promover los intereses del Kremlin; y que el dinero se canalizó a través de paraísos fiscales.

También recibió decenas de miles de dólares de los rusos Michael Flynn, a quien Trump tuvo los bemoles de nombrar asesor de seguridad nacional pese a que trabajaba como agente de gobiernos extranjeros. Se investigan, además, posibles transacciones con los rusos de otros exasesores del presidente, como Carter Page y Richard Stone. Y en los corredores de las agencias de inteligencia suena el nombre de Rex Tillerson, a quien Trump, inexplicablemente, nombró secretario de Estado a pesar de carecer de experiencia diplomática. “Inexplicablemente” solo si se ignora que antes de su nombramiento, Tillerson era CEO de ExxonMobil, cuyos negocios con el Kremlin sobrepasarían el millón de millones ($1 trillion). Gran parte de ese dinero está trabado por sanciones que promovió Hillary Clinton y promulgó el presidente Obama en respuesta al expansionismo de Putin en Crimea y Ucrania y a su criminal intervención en Siria. En 2013, Putin le confirió a Tillerson la Medalla de la Amistad. Ahora que los investigadores le pisan los talones, Tillerson dice: “Yo ni siquiera quería este trabajo”.

La estela del dinero eventualmente podría conducir a Trump y su familia, a pesar de su reiteradamente falsa afirmación de que nunca ha tenido tratos con los rusos ni Putin. Empezamos la semana con la noticia de que su yerno testificaría “voluntariamente” sobre el Russiagate. Algunos medios se disponían a informar que Jared Kushner se había reunido con un banquero ruso que sería oficial de la inteligencia de su país. En realidad, los tratos de Trump con Moscú datan de la época de Gorbachev, cuando comenzó a gestionar la construcción de un hotel Trump cerca del Kremlin. El empresario neoyorquino celebró un certamen de Miss Universo en Moscú en 2013. Y el 17 de octubre de ese año declaró a David Letterman: “He hecho muchos negocios con los rusos” y le dijo que había conocido a Putin. A oligarcas rusos les ha vendido apartamentos por decenas de millones. Y en plena crisis inmobiliaria en EEUU le vendió a un billonario amigo de Putin una mansión en Palm Beach, Florida, por casi $100 millones; la había adquirido por poco más de $40 millones.

Pero acaso la pista que más explorarían los investigadores es la venta de una quinta parte de Rosneft, el monopolio petrolero del Kremlin, por $11 mil millones, venta que se concretó solo tras el triunfo electoral de Trump. El Kremlin se embolsó un dinero que le vino de perilla para paliar una crisis económica y repartir dádivas entre Putin y sus oligarcas. El autócrata mantiene en secreto al comprador. La renuencia de Trump a revelar sus declaraciones de impuestos desde hace más de una década no ayuda a esclarecer el misterio. Como líder de Exxon, Tillerson habría negociado con Rosneft un trato por $500 mil millones que trabaron las sanciones de Obama y Clinton.

En lo político, Trump anhelaba la presidencia, algo que se le hizo posible tras ganar las primarias. Putin detestaba a Clinton y apostó por el republicano. Influyentes legisladores del GOP no quieren que se aten los cabos y encubren al presidente. Muchos callan porque creen que, si Trump y sus íntimos traicionaron al país, no lo hicieron por motivos ideológicos sino por dinero y un poder político que en definitiva comparten. Los demócratas exigen transparencia. Pero la verdad se conocerá solo a través de las filtraciones de inteligencia.

Periodista cubano.

Siga a Daniel Morcate en Twitter: @dmorca

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de marzo de 2017, 2:29 p. m. with the headline "Los móviles del Russiagate."

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