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En Alexandria, todos fuimos atacados. Ahora el mensaje debe ser de unión

Un grupo de personas ofrece su apoyo durante un juego de béisbol entre congresistas el 15 de junio al congresista republicano Steve Scalise, gravemente herido en el tiroteo perpetrado el 14 de junio en Alexandria, Virginia.
Un grupo de personas ofrece su apoyo durante un juego de béisbol entre congresistas el 15 de junio al congresista republicano Steve Scalise, gravemente herido en el tiroteo perpetrado el 14 de junio en Alexandria, Virginia. Getty Images

No hay demócratas ni republicanos. En estos momentos, pese a nuestras diferencias políticas, todos somos uno. Como dijo elocuentemente, Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representante, el día de la tragedia en Alexandria, Virginia, “un ataque contra uno de nosotros es un ataque contra todos nosotros”. La líder demócrata de la Cámara, Nancy Pelosi, instó a sus colegas a “usar esta ocasión como algo que nos una y no algo que nos divida más”.

La ocasión comenzó de forma sangrienta. Temprano en la mañana del miércoles un pistolero enloquecido y bien armado abrió fuego contra un grupo de congresistas republicanos que entrenaban para un juego de pelota en una cancha en Virginia. Al enterarse los congresistas demócratas que practicaban en otro parque se tomaron las manos y se pusieron a orar juntos por sus colegas, por sus hermanos. Esa es la única imagen de esa trágica jornada que el Presidente de la Cámara quiere recordar.

Ese es el mensaje que debe prevalecer, uno que también recalcó generosamente el presidente Donald Trump ese mismo día. “ Puede que tengamos nuestras diferencias”, dijo, “pero en momentos como este haríamos bien en recordar que todos los que sirven en la capital de esta nación están aquí porque, sobre todo, aman a nuestro país”.

Todos están incluidos, desde el líder de la bancada republicana en la Cámara, Steve Scalise, quien fue gravemente herido en el tiroteo, hasta los dos valientes policías del Capitolio que arriesgaron sus vidas logrando ultimar al agresor y también resultaron heridos.

Por ellos es esencial que todos tomemos consciencia de donde estamos, en vez de replegarnos en nuestras consabidas esquinas ideológicas y recurrir a nuestras respuestas rápidas y predecibles a cualquier acontecer político. Sí, estoy hablando de Twitter y de Facebook .

El cobarde agresor que disparó a mansalva contra el grupo de congresistas desprotegidos fue identificado como James Hodgkinson. Era un hombre de 66 años que viajó desde su hogar en Illinois con el cerebro carcomido por el odio para cometer este horrendo crimen en Virginia. El récord que dejó en sus redes sociales es el de un fanático del demócrata Bernie Sanders torcidamente frustrado por la elección de Donald Trump. Hodgkinson también era dueño con todas las de la ley de un potente rifle de asalto. Quizás no es el momento de reiniciar el divisivo debate sobre el control de armas. Pero sí es el momento de aclarar de una vez por todas que la Segunda Enmienda no nos da el derecho de salir a matar a cualquiera que no comparta nuestras opiniones políticas o creencias religiosas.

El arma letal que sí hay que deponer de inmediato es el odio y la retórica que alienta ese odio hasta el paroxismo. Un opositor político no es un enemigo sino una parte esencial del complicado proceso que llamamos democracia que tan lejos nos ha traído.

Las palabras son armas, según muchos estudios científicos, incluyendo el del sociólogo B.J. Gallagher, quien concluye que “las palabras forman nuestra percepción del mundo. Las palabras disparan emociones. Las palabras hieren. Las palabras tienen consecuencias. Si queremos menos violencia en nuestro país tenemos que dejar de cometer violencia con nuestras palabras”.

En este país no somos ajenos a la violencia política. Los presidentes Abraham Lincoln, James Garfield, William McKinley y John F. Kennedy fueron asesinados.

Aquí mismo en Miami, en Bayfront Park, Anton Cermak, el alcalde demócrata de Chicago fue asesinado en 1933 mientras acompañaba al presidente electo Franklin D. Roosevelt, quien resultó ileso en ese atentado.

Hace solo siete años la congresista demócrata Gabrielle Gifford fue gravemente herida en un ataque a tiros cuando intentaba reunirse con los ciudadanos de su distrito.

Nuestro armamento retórico se ha disparado a niveles tóxicos y casi nucleares en estos últimos años. Ahora estamos sufriendo las consecuencias de las palabras que incitan a la violencia. Llegó la hora del desarme, de medir nuestras palabras, de editarnos a nosotros mismos por el bien de todos.

Como dijo nuestro presidente: “Somos más fuertes unidos y trabajando juntos por el bien común”.

No nos dejemos vencer por el odio, que es nuestro principal enemigo.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de junio de 2017, 2:06 p. m. with the headline "En Alexandria, todos fuimos atacados. Ahora el mensaje debe ser de unión."

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